Yo fui el falso community manager oficial de Sky

Puede que vengas de visitar mi página en LinkedIn o que hayas venido aquí directamente, pero de todas formas os cuento cómo me convertí en el falso community manager oficial de Sky España en Twitter durante cuatro días de caluroso agosto.

En mis días de relajación veraniega al finalizar Bachillerato y Selectividad, me percaté de que ciertos medios avanzaban la llegada de Sky a España. Para quiénes no lo sepan, Sky es un gigante de las telecomunicaciones británico que destaca por su plataforma de televisión que comercializa en Reino Unido, Alemania e Italia.

Aprovechando el tirón que tenía su prematura web (sky.es) anunciando su inminente lanzamiento en nuestro país, el 3 de agosto decidí crear una cuenta de Twitter supuestamente oficial estrenando un hashtag promocional (#LlegaSky). Mientras tanto, seguía las reacciones por parte de los usuarios a la actividad de la cuenta en el hilo sobre Sky de un conocido foro español.

https://giphy.com/embed/12UlfHpF05ielO

Con este GIF de Seinfeld estrené la cuenta.

El mismo día los foreros ya notaron la presencia de la cuenta. A partir del hashtag, hacía preguntas a los clientes potenciales sobre los contenidos, precios y dispositivos más adecuadas, simulando un supuesto estudio de mercado que la empresa llevaba a cabo para construir una oferta decente. Mi recompensa era dar retweet a las mejores respuestas, dando un gesto amable.

Dos de los tres GIFs que pude llegar a publicar.

Al principio fue algo confuso para los que habían entrado en el código de la verdadera web de Sky España (como yo, horas después), al ver que la futura cuenta oficial de la compañía iba a ser diferente de la que había cogido yo. Pero igualmente confiaron en el pobre GIF de Seinfeld, que les daba esperanza.

Los foreros siguieron al detalle todo lo que publicaba y retuiteaba, intentando averiguar incluso las series que Sky iba a ofrecer. Esto ocurrió así: pregunté sobre las series que los usuarios se habían perdido a causa de los malos horarios de la tele (planeando recibir anécdotas para así atacar a los canales lineales y conseguir hacer una defensa dura del VOD).

En cambio, la mayoría lo interpretó como una oportunidad para sugerir series que querían que Sky incorporara en su catálogo. Sin más remedio, obligado por la promesa contraída, hice RT a tres tweets aleatorios, aunque reconozco que fueron los que mencionaban series más afines a mis gustos televisivos. Entonces los foreros especularon con que las series de esos tweets iban a estar en la plataforma.

Durante los pocos días que duró la cuenta, los interesados en la futura plataforma empezaron a decirme que debía apostar por el satélite, que tenía que dar el fútbol, etc. Esto unido al imparable crecimiento de la lista de seguidores de mi cuenta, que llegó en las últimas horas alrededor de las 200 personas, entre ellos Álvaro Onieva, periodista y crítico de televisión de sitios como VayaTele! o Fotogramas.

La cuenta fue suspendida al cuarto día de existencia por la típica violación de las Reglas de Twitter por haber usado una marca comercial de forma engañosa. Los usuarios del foro se enteraron del suceso y dejaron ver su profunda frustración al contemplar tal lamentable situación.


¿Pero quién está tan aburrido para hacer una cuenta tan elabo…? Mis ganas de trolear al personal, señoría.

Si necesitáis más pruebas, podéis buscar #LlegaSky en Twitter para ver las opiniones, preguntas y sugerencias que enviaban los usuarios.

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“Billy on the Street”: una locura subjetiva

Hoy en día el humor lo conocemos empaquetado en forma de sketches (Saturday Night Live), sátira política (Last Week Tonight), sitcoms (Rick and Morty), o monólogos de stand-up. Hoy iremos más allá de lo popular y conocido, ya que conoceremos un formato totalmente nuevo que se estrenó hace pocos años en la televisión estadounidense.

Del sótano a la televisión

Billy Eichner siempre había tenido cierta fascinación por la cultura pop y el mundo de los famosos, así que en su época de formación en la comedia -asistiendo a clases de improvisación y monólogos- decidió montar un pequeño late-night llamado Creation Nation en el sótano de una librería, donde ya tenía en mente crear un personaje que representara su vertiente más obsesionada con la pop culture de una forma totalmente exagerada.

Fue cuando empezó a grabar vídeos caseros por la calle con un micrófono y una cámara de bajo coste interpretando este papel que nació el germen del actual formato. Amparado por Funny Or Die, la factoría audiovisual de Will Ferrell responsable de programas como @midnight o Drunk History en Comedy Central, esta sección lograría materializarse en un programa de televisión en 2011 gracias a la apuesta que Fuse hizo por la propuesta de la productora, aunque luego haya sido en TruTV donde se ha estado emitiendo hasta la actualidad.

El formato es sencillo: se trata de que el personaje de Billy irrumpe en las calles de Nueva York haciendo preguntas o poniendo a prueba a los transeúntes, todo relacionado con Hollywood y el famoseo norteamericano, y deberán concordar o complacer la opinión del presentador sobre el tema que haya planteado para ganar un premio: el participante se lleva un mísero dólar, y si quien concursa es un famoso, éste recibe algo menos valioso: un regalo cutre e inútil.

El personaje

A Billy le gustan las celebrities, las películas, las series, la música y todo eso que forme parte de la industria artística de los Estados Unidos. Eso sí, no se corta ni un pelo en expresar sus opiniones y pensamientos, así como su favoritismo o repugnancia respecto a cualquier persona o producto de Hollywood.

Y si se encuentra a alguien que no comparte su punto de vista, pues le da igual: le soltará algún “fuck you” o “bitch” y se irá corriendo en busca de alguien que realmente concuerde con sus ideas. El concursante gana o pierde depende de si tiene su mismo punto de vista y ahí reside la gracia del formato, precisamente.

Su personalidad neurótica llega al límite de que es habitual que, no solo “corrige” al concursante para darle la respuesta “correcta”, sino que muchas veces las preguntas ya sugieren implícitamente cuál es la respuesta válida mediante el recurso del falso dilema: se plantean dos opciones totalmente únicas y excluyentes.

Por ejemplo, en el siguiente vídeo Billy da a Rashida Jones una lista de posibles nombres judíos originales de famosos. Si el nombre que dice es falso y no hubo cambio de nombre, Rashida debe contestar: “Ese nombre, no”. En caso que Billy mencione uno que es real y con el que sí hubo un cambio hacia un nombre más normal/comercial (como ocurre a veces con los famosos de origen judío), Rashida entonces responderá: “¡Vergüenza!”.

A partir de ahí, el espectador no solo ya puede conocer qué piensa Billy (el personaje) sobre aquellos quienes desechan sus nombres judíos, sino que observan el truco por el cual la invitada está obligada a elegir una opción haciendo una afirmación involuntaria.

Los gritos son lo más reconocible de su carácter: forma parte de su rapidez con la que atraviesa las calles de Nueva York buscando desesperadamente a participantes, además de expresar disgusto o soberbia ante cualquiera. Aquí vemos cómo pasa de tener una agradable conversación sobre qué actor/actriz le gusta a una mujer anónima a los insultos entre ambos cuando a ella no le gusta el tono chulesco con el que Billy le responde que la entrevista es para “una cosa de Internet y televisión”.

Surrealismo y crítica social

“Quizzed in the Face” (responder tres preguntas objetivas correctamente y una final de acuerdo con el punto de vista de Billy) o “Amateur Speed Sketching” (dibujar un personaje público y conseguir que otra persona sepa quién es) son las secciones que nacieron en las primeras temporadas y que precisamente han desaparecido, a favor de dar más relevancia a las preguntas y opiniones del presentador.

Esto implica que el programa se centre más en un jugar con la subjetividad del presentador. Así se garantiza una fuerte red de seguridad cómica con el personaje para no delegar tanto el chiste a la gente de Nueva York, ya que es habitual que la gente no esté para bromas ni quiera participar en el programa.

Actualmente, el programa se divide en tres partes: primero, Billy se lanza a la calle como siempre con la ayuda de un famoso, el cual está involucrado en la pregunta o juego que el presentador realiza al público. Luego, el invitado se somete a una pequeña prueba sobre un tema en concreto (como hemos visto con el de Rashida Jones).

Finalmente, Billy también vuelve a recorrer la ciudad con preguntas aleatorias o bien elabora una carrera de obstáculos en los que el invitado tendrán que parodiar hechos de las vidas de otros famosos. Aquí le podemos ver señalando a algunos artistas por las polémicas originadas a raíz de ciertas declaraciones o sucesos que protagonizaron, como los abusos sexuales de Bill Cosby.

Elena, el personaje estrella

Conocida en la segunda temporada en una de las secciones del programa (el vídeo superior muestra su primera vez), Billy supo que el carácter sincero, incómodo e irónico de Elena podría ser una oportunidad para explotar más adelante con otros famosos. Así se forma una perfecta pareja cómica en la que el conflicto siempre está presente, ya sea preguntando a la gente, poniendo a prueba a ella y su hermana, o jugando con Lena Dunham (y una vaca).

Sin embargo, el punto álgido fue cuando Elena y Billy se pusieron a jugar con la Gallina Caponata de “Barrio Sésamo” y Michelle Obama mediante un vídeo exclusivo para la web de Funny Or Die. Las opiniones de Elena sobre One Direction y Ariana Grande son lo mejor en este divertido especial.

“Billy on the Street” ya finalizó su quinta temporada en febrero. De momento Billy sigue insistiendo con gritos a los directivos de TruTV cada vez que los ve por la calle para que permitan hacer la sexta entrega de episodios inmediatamente.

“Last Week Tonight”: la desmitificación de los EEUU

La sátira política está en su edad de oro en los Estados Unidos. Samantha Bee, Trevor Noah, Stephen Colbert y Seth Meyers; todos ellos tienen dedican parte o todo su late night a hablar de política de la forma más crítica y a la vez mordaz posible.

Sin embargo, hace dos años que alguien lleva haciendo este trabajo cada domingo por la noche en un rincón de la televisión por cable estadounidense: John Oliver, con su programa “Last Week Tonight” en el canal premium HBO. A continuación analizaremos la estructura y el formato, además del fondo argumental del programa.

John Oliver, el corresponsal británico

En 2006, directamente de Reino Unido aterrizó el cómico John Oliver en “The Daily Show”, el late night de sátira política por excelencia en Estados Unidos. Allí desempeñó el cargo de corresponsal británico senior en diferentes temas (como ocurre con la resta de la cantera de Jon Stewart, que igual que los tertulianos, pueden ser expertos en cualquier cosa de la noche a la mañana).

En este reportaje del 2007 ya podemos ver los rasgos más significativos del estilo de Oliver: su acento británico que sirve para enunciar contradicciones o palabrotas de forma hilarante, así como su carácter investigador que siempre acaba en sorpresa irónica cuando choca con la realidad.

No fue hasta el verano de 2013 cuando obtuvo un papel más relevante en el espacio de humor. Coincidiendo con la tarea por parte del presentador Jon Stewart para dirigir una película, su puesto fue relevado a Oliver. Liderar el programa en el que solo había sido colaborador durante dos meses le llevó a ser reconocido por los críticos de televisión, que elogiaron el sustituto temporal de Stewart.

Tras esto, Jon le llamó para hablar de su futuro. Esta frase, que puede parecer el avance del despido, era en realidad una invitación para hablar del futuro del cómico. Cuando Oliver le reveló que había recibido una oferta de HBO, Stewart le contestó: “Sería de locos no coger eso”. Y el británico finalmente aceptó.

La actualidad en su justa medida

En 2014, “Real Time with Bill Maher”, hasta entonces el único espacio semanal satírico que se emitía en HBO, recibió la llegada de un compañero de género: “Last Week Tonight”.

Oliver huyó a HBO junto a Tim Carvell, guionista veterano del “Daily Show”, por varias razones: era un programa semanal, él sería uno de los productores ejecutivos del formato, y además estaba en HBO. Esto último lo digo porque, como canal premium por cable que es, no emite anuncios (al estilo de Canal+ hasta hace pocos años). Esto supone una nula presión en cuanto a la crítica de marcas conocidas.

En un formato de media hora, John Oliver introduce cada episodio hablando de ciertos titulares de actualidad para seguir después con los 20 minutos restantes tratando un tema político, social o económico sin interrupciones. Todo esto mezclado con piezas de corta duración que evitan que el visionado se haga pesado para el espectador.

La primera temporada estuvo llena de entrevistas a invitados, tanto famosos como expertos en ciertas áreas del conocimiento, algo que cambió a partir de la segunda temporada, cuando los famosos actúan como complemento en ciertos gags en directo o pregrabados del programa.

El estilo de humor de Oliver es muy analógico. Y no me refiero a que sea un humor muy anticuado como el de las películas de comedia españolas ni que se transmita en UHF: las analogías y comparaciones abundan en las punchlines, siendo disparadas en dirección a (otra vez) los famosos.

Recordando que eso todavía existe

A través de las películas y series de origen norteamericanas, nos hemos hecho la idea de que los EEUU es un país grande y potente, donde no hay obstáculos en el camino hacia el éxito, donde puedes mantener un estilo de vida estable, donde ser clase media no es difícil. Lo hemos idealizado como un lugar perfecto para satisfacer nuestros deseos personales y laborales.

A modo de romper esta falsa imagen, John Oliver actúa como el europeo que llega a Estados Unidos, un país tan liberal política y económicamente que choca con su estilo de vida tan social-liberal, y que al ver ciertos aspectos que no le gustan, se pregunta: “¿Pero esto qué demonios es? ¿Cómo es que esto está pasando y nadie hace nada?”.

Lejos de lo que ya se ve a través de las últimas noticias del país, el cómico decide dar luz a temas presentes en las vidas de los ciudadanos estadounidenses que, por costumbre, se han incorporado de forma natural sin que parezca algo que combatir debido a la inacción política en esos ámbitos.

Se trata de señalar cosas como las debt buyers, compañías que se dedican a comprar deuda a entidades financieras, y que a pesar de la pobre información de los deudores que reciben, se dedican a reclamar el dinero en formas violentas. Todo eso permitido por una regulación que varía según el estado y con alrededor de 280.000 quejas escritas por consumidores referentes a esta industria.

El sistema político federal de los Estados Unidos es recurrente en muchos temas tratados por Oliver: cada estado puede decidir si obligar a las empresas de productos alimentarios a añadir una fecha de caducidad. Incluso ésta en muchos casos es un “sell by”, siendo en realidad no una fecha máxima de consumo, sino una información dirigida a las tiendas sobre cuándo un producto dejará de conservar la máxima calidad.

Estos segmentos suelen aparecer al día siguiente de su emisión en el feed de Facebook y Twitter de muchos norteamericanos, ya que la gente los comparte para reunir conciencia social y política por estos problemas para que desaparezcan. Sin embargo, el único objetivo de Oliver es informar y hacernos reír al mismo tiempo. De eso se trata la sátira.

El escudo del humor

La sátira es un género que consiste en “denunciar vicios y defectos” (en su acepción original), es decir, criticar ciertas actitudes o situaciones de forma divertida. Ya lo dicen las cejas de Oliver cada vez que explica un dato sorprendente, igual que el título de las piezas cortas del formato: “How is this still a thing?”. Provocar consecuencias políticamente hablando no forma parte del plan, y si ocurre, es algo anecdótico.

Peter Cook dijo que la mejor sátira del siglo XX fueron “los cabarets de Berlín, que hicieron un gran trabajo evitando el ascenso de Hitler al poder”. Esta frase irónica de otro humorista británico expresa el carácter estéril de la sátira para iniciar cambios políticos y sociales.

Jon Stewart y Stephen Colbert, ex-responsables de dos grandes programas de humor de Comedy Central alrededor del mismo género, ya expresaron estas mismas ideas en una entrevista para Rolling Stone:

Colbert: […] Esto no significa que lo que hacemos no tiene valor. Es duro de hacer, y a la gente le gusta, y es fantástico. Pero no implica que tenga un efecto en el sentido político.

Stewart: O que tenga unos intereses ocultos de cambio social. No somos guerreros en el ejército de nadie. Y eso no es un intento de autocrítica. Me enorgullezco de lo que hacemos. Me gustan estos dos programas. Me gusta hacerlos. Me gusta verlos. Estoy muy orgulloso de ellos. Pero entiendo cuál es su lugar. No nos vemos como líderes de movimientos sociales.

DOWD, Maureen (2006) Jon Stewart and Stephen Colbert: America’s Anchors, Rolling Stone.

En resumen, la sátira actúa más como una autodefensa contra los poderes establecidos y los problemas de la sociedad que como un ataque a éstos para derribarlos, porque la política es complicada, y aún más cuando hablamos de un país donde los mercados mandan.

Siendo imposible enfrentarse a los monstruos, solo se puede concienciar a la gente que se refugie de ellos. Por eso Oliver te avisa de no poner a tus hijos en escuelas concertadas, tener cuidado con los prestamistas de coches, o revisar tu historial criminal y de crédito para ver si hay algún error típico de las agencias que los elaboran.

Para que el mensaje se extienda lo más ampliamente posible, el presentador incluso hizo dos vídeos sobre el marketing multinivel, uno en inglés y otro en español (ya que muchas de las víctimas de esta estafa son de origen latinoamericano), y en ambos piden que los reenvíes de forma piramidal, al estilo de las empresas mencionadas.

Y no solo eso: puede crear un anuncio como si tuviera una compañía de préstamos de coches, montar webs cuyos nombres se pueden confundir con las agencias responsables de hacer los historiales, y también perdonar casi 15 millones de dólares de deuda. Son varios ejemplos de la autodefensa satírica de la que el programa es capaz de hacer.

Como también demostró al preguntarle al ex-trabajador de la CIA que desveló la vigilancia informática de los EEUU cuál sería la mejor contraseña:

En fin, el programa debería llamarse “Last Weakness of This Country Tonight”. Y los Estados Unidos tienen muchas debilidades, créeme.

Servicios Sociales deja sin Netflix a un joven de 35 años

Alrededor de las 22h40 de la noche del pasado jueves, el joven asturiano J.M. (no ha querido revelar su identidad ni la de la familia gitana con la que comparte la cuenta) descubrió que no podía acceder al servicio online de Netflix. “No me dejaba, decía que no podía entrar”, relata.

Este joven vive en casa de sus padres y suele obtener ingresos a través de trabajos temporales relacionados con su carrera de arqueología: “Normalmente atiendo a los eventos más tradicionales del sector, como el desentierro de Ana Obregón para el posado de verano o también la recuperación de la gracia de Bertín Osborne”.

Sin embargo, no consigue reunir el suficiente dinero como para contratar el videoclub online de series y películas de origen norteamericano Netflix, lo que le llevó a reclamar una ayuda al Estado. “Tuve que ir a Seguridad Social y pedir algo para poder seguir con mi visionado obligatorio de Black Mirror. Dicen que la tercera temporada está muy bien y no podía quedarme a medias, obviamente”, cuenta el joven arqueólogo.

El problema llegó cuando la cuenta en la que se depositaban las ayudas de Servicios Sociales se quedó a cero. “No entiendo cómo pueden deshacerse de mí tan fácilmente”, denuncia J.M., que ya se ha quejado de la situación y se ha puesto en contacto con Netflix vía Twitter para enviarle un GIF de Joey de “Friends” enfadado [1].

Cree que ahora más que nunca necesitará apoyo económico para superar estos próximos meses de invierno, en los que hay poca actividad en su sector laboral. “Pronto va a llegar HBO España y habrá que seguir con Lucifer y Juego de Tronos cuando me dé de baja del paquete Total del Movistar+”.

J.M. acaba lanzando un mensaje al sector audiovisual: “No puede ser que por ver una serie tenga que pagar algo y que por ver otra tenga que abonarme aparte”. Pide una “oferta conjunta, asequible y que tenga todo el catálogo de todas las productoras”, propone el asturiano antes de comentar la subida de la luz para mostrar su descontento con los monopolios.

Formatos que las productoras de TV suelen rechazar

Aunque tenga 17 años, probablemente sea una de las personas que más sabe del mundo de la televisión en este país (he entrevistado a Paco Fox y a Pablo Romero Sullà y vosotros no), así que os voy a decir qué NO quieren las productoras de televisión españolas.

No todos los formatos gustan a las productoras, que conocen muy bien aquello que sí será un éxito en televisión, y también todo lo demás que solo será un éxito en FDF. Por eso hay que informarse del criterio de estas empresas, y para ello os voy a ilustrar con unos cuantos casos personales en los que me llevé el fracaso total.

>> El monaguillo: inspirado en el norteamericano “The Bachelorun obispo tiene a 20 menores que aspiran a ser su monaguillo personal. En cada entrega, el cura tendrá un cita con cada uno de los pretendientes para averiguar sobre su fidelidad a los valores cristianos y la anchura y profundidad de su tráquea.

>> Exhuma como puedas: tres familias llevan años buscando a sus respectivos familiares muertos durante la guerra civil, cuyos cadáveres fueron enterrados en fosas comunes no localizadas. Encontrar su paradero y pedir permisos legales y jurídicos para su exhumación es el objetivo principal por el cual las familias competirán durante un tiempo indefinido. La recompensa para la familia que lo encuentre antes es el cambio de nombre de una de las más de 1500 calles franquistas de toda España.

>> Mi cuñado sabe del tema: cinco cuñados se disponen a estudiar durante todo un año para apoyar con argumentos de ejemplificación y autoridad sus tesis sobre todo tipo de temas. El día a día y conversión intelectual de éstos culminará el día de Navidad, en que tendrá que demostrar sus conocimientos delante de toda la familia. El premio: un amigo informático que le ponga en un pendrive todas las temporadas de “The Walking Dead”.

>> Comunista y neoliberal: sitcom de dos enemigos naturales que tendrán que afrontar el día a día, resolviendo los problemas de la vida según sus ideologías (el comunista no puede comprarse un iPhone; el neoliberal no puede acceder a ayudas del Estado) y demostrando su eficacia con gráficos. La serie se comercializará en un DVD, con extras como comentarios de Ana Pastor que hará el fact-check de todo lo que digan.

>> ¿Qué fue de…?: serie de documentales que se dedica a investigar sobre el actual estilo de vida de personas famosas en su día como el niño que no fuma por Patricia, el de “que te pego con el mechero Sole”, el de “Palante, ¿no?” o el de “Se va a haber un follón que no sabe ni donde se ha metido”. Antes y después de la emisión de cada programa se intercala un anuncio de FAD que recomienda no tomar drogas.

>> Ni-ni agua: reality show en que un ni-ni es sedado y trasladado a una zona rural remota, donde no habrá cobertura ni tendrá contacto humano. Con una pequeña finca y un modesto huerto, el adolescente tendrá que trabajar como nunca ha hecho para sobrevivir 1 mes. SPOILER: Al final todos mueren.

 

“Late Motiv”: vuelve la tranquilidad de Buenafuente

Cuando Canal+ fue comprada a Prisa por Telefónica, eran evidentes las consecuencias: la plataforma resultante, Movistar+, daría lugar a un casi-monopolio que albergaría los abonados más fieles del sector y los mejores contenidos audiovisuales.

Pero también significaba una cosa: si la apuesta por la producción propia por parte de Canal+ ya era destacable, el gran operador de telecomunicaciones en la que ahora estaba en manos seguramente aceleraría y aumentaría la producción para los canales de la plataforma. Y así ha sido. Un ejemplo: Late Motiv.

En un entorno como es la televisión de pago española, donde las audiencias no son el emperador romano cuyo pulgar decide si sobrevives o mueres, Buenafuente se encuentra a gusto, como ha afirmado en todas las entrevistas. Y es que un late-night necesita una maduración. Y si no, que se lo pregunten a Conan O’Brien.

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Respetar la fórmula original

El late-night, que es dar un monólogo entrevistar a invitados, jugar con ellos, hacer mini-sketches, empezó en España con su versión, cómo no, española. Los primeros pioneros del formato en nuestro país fueron Pepe Navarro en Esta noche en el Mississippi con Krispin Klander y en segundo y medio con el crimen de Alcásser, y más tarde, Crónicas Marcianas, dedicado a reírse de los más frikis de España y a crear discusiones y enfrentamientos morbosos.

Por suerte, en Cataluña, las parabólicas de TV3 captaban (¿demasiado bien?) la esencia del formato americano y el equipo de Buenafuente lo puso bajo el Sense Títol, Sense Títol 2, Sense Títol S/N, La Cosa Nostra, y Una Altra Cosa. Ya en un ámbito nacional, Buenafuente se ceñía a la fórmula, pero era diferente: en Antena 3 era colocado en prime-time (una gran responsabilidad que tuvo que aguantar sin hormigas hablantes en la mesa), y en su regreso a laSexta, En El Aire estaba en una franja de dudosa rentabilidad publicitaria.

En ambos casos, los directivos pedían espectáculo en todo momento para que los espectadores no cambien de canal, y claro, hay que meter personajes histriónicos donde sea (aunque reconozco que lo llevaron bastantebien).

Pero como decía, en Movistar+ las audiencias poco importan (tienen casi 4 millones de abonados que les pagan mensualmente, la rentabilidad está asegurada), así que el nuevo programa de Buenafuente disfruta de una libertad creativa extraordinaria en su carrera, que se traduce por otro lado en un ambiente relajado y reflexivo en las secciones y entrevistas.

Combinación de elefante y guión

¿Con qué época te quedas tu? ¿De cuál estás más orgulloso?

A nivel de guión, de lo que más orgulloso estoy es de lo hecho en la etapa de La Sexta. No teníamos dinero para grandes proyectos y era todo muy distinto. Yo me acuerdo de pedir un elefante en Antena 3 por la mañana y por la tarde lo teníamos. Eso en La Sexta era impensable y por lo tanto, había que crear cosas más atrevidas, más ingeniosas… Cuanto menos dinero tienes, más tienes que sacar a relucir. Por otro lado, la época en Antena 3 era más divertida en un aspecto más Hormiguero, podías pedir cualquier locura y te la traían, era una época muy divertida y de vacas gordas. En La Sexta todo era más duro, no había dinero y los recursos se tenían que sacar desde el guión, dentro del cual también nos volvimos más políticos…

Entrevista a Tomás Fuentes, ¡Semejante Ramera!

En Late Motiv, sin falta de presupuesto, guionizar un programa de humor “en el pago” no supone una tarea muy complicada. Algunas secciones como la de Berto y su consultorio o Javier Coronas y su carrera profesional polifacética demuestran que hay momentos de sobra para reírse tranquilamente, y añadir un segundo punchline, sin necesidad de grandes medios, solo con un guión o texto con suficiente calidad.

Pero si hay una buena y valiosa idea que explote lo absurdo y requiera un cierto decorado o attrezzo, ningún problema. Aquí tener clase no es un lujo, hacer locuras parece sensato. Pero como los años de la burbuja inmobiliaria no volverán nunca, en vez de un elefante, mejor te pedimos un burro y arreando que es gerundio.

Va a pasar lo contrario que estás pensando

Así pues, pese a tener una estructura semanal fija, el programa te puede pillar desprevenido en cualquier momento. Y el efecto sorpresa supera los límites, ya que te puede saltar un Ferreras en medio de una entrevista, un Pikachu en medio del monólogo o Chicho Ibáñez Serrador como estrella invitada sin que nadie lo sepa.

Ese aspecto de esquema invariable diario a veces se puede romper. Buenafuente ha probado con especiales temáticos, dedicando un programa entero al drama de los refugiados improvisando un plató en Lesbos, dejando que fluya un aire de libertad sexual, o rindiendo homenajes a varios cómicos.

También hay que destacar que se ha innovado en el talento, pues el (cómico y) poeta Ignatius Farray, el presentador de telediario de Devon Knight y las imitaciones sin límites de Raúl Pérez y Martín Bossi demuestran que Late Motiv es un espacio dedicado a cultivar y desarrollar el humor como un arte complejo.

Por ejemplo, el humor negro de Broncano y Quequé en la sección de Noticias Gravísimas se ganó tantos aplausos en los comentarios de YouTube que El Terrat ahora produce LocoMundo para #0, programa semanal centrado en un tema tratado desde distintos puntos de vista, todos ellos arropados por el humor rural de Broncano.

Pero no todo se limita al ámbito del humor: como cualquier late-night, es consciente de su responsabilidad para servir también de ventana a artistas del mundo de la música, sin discriminación alguna: los viejos y los novatos, acompañados y en solitario, verdaderos y ficticios.

Late Motiv acaba siendo más que un late-night: un rincón donde disfrutar la comedia, donde descubrir artistas, donde escuchar una conversación sincera y sin prisas con un invitado. Late Motiv es un agradable pub televisado. Pub-per-view.

15 años de [adult swim]

[adult swim], el canal de pago favorito de los jóvenes-adultos estadounidenses, ha cumplido 15 años. Su conocida programación llena de humor incómodo y absurdo le ha ganado un enorme fandom, tanto de sus series originales (y las no tan originales), que lo ha convertido en el canal más visto del paquete básico de cable por todo adulto de entre 18 y 34 años durante 9 años consecutivos.

Es un gran logro para un canal con una emisión nocturna de 10 horas con series tan extrañas dirigidas a un nicho de público que pasa la mayor parte del tiempo en redes sociales o fiestas interminables. Es hora de dar un vistazo a la historia de [adult swim] para entender su éxito durante más de una década.

Sigue leyendo, pero te advierto: [adult swim] may contain mature material some viewers may not find suitable…