“Last Week Tonight”: la desmitificación de los EEUU

La sátira política está en su edad de oro en los Estados Unidos. Samantha Bee, Trevor Noah, Stephen Colbert y Seth Meyers; todos ellos tienen dedican parte o todo su late night a hablar de política de la forma más crítica y a la vez mordaz posible.

Sin embargo, hace dos años que alguien lleva haciendo este trabajo cada domingo por la noche en un rincón de la televisión por cable estadounidense: John Oliver, con su programa “Last Week Tonight” en el canal premium HBO. A continuación analizaremos la estructura y el formato, además del fondo argumental del programa.

John Oliver, el corresponsal británico

En 2006, directamente de Reino Unido aterrizó el cómico John Oliver en “The Daily Show”, el late night de sátira política por excelencia en Estados Unidos. Allí desempeñó el cargo de corresponsal británico senior en diferentes temas (como ocurre con la resta de la cantera de Jon Stewart, que igual que los tertulianos, pueden ser expertos en cualquier cosa de la noche a la mañana).

En este reportaje del 2007 ya podemos ver los rasgos más significativos del estilo de Oliver: su acento británico que sirve para enunciar contradicciones o palabrotas de forma hilarante, así como su carácter investigador que siempre acaba en sorpresa irónica cuando choca con la realidad.

No fue hasta el verano de 2013 cuando obtuvo un papel más relevante en el espacio de humor. Coincidiendo con la tarea por parte del presentador Jon Stewart para dirigir una película, su puesto fue relevado a Oliver. Liderar el programa en el que solo había sido colaborador durante dos meses le llevó a ser reconocido por los críticos de televisión, que elogiaron el sustituto temporal de Stewart.

Tras esto, Jon le llamó para hablar de su futuro. Esta frase, que puede parecer el avance del despido, era en realidad una invitación para hablar del futuro del cómico. Cuando Oliver le reveló que había recibido una oferta de HBO, Stewart le contestó: “Sería de locos no coger eso”. Y el británico finalmente aceptó.

La actualidad en su justa medida

En 2014, “Real Time with Bill Maher”, hasta entonces el único espacio semanal satírico que se emitía en HBO, recibió la llegada de un compañero de género: “Last Week Tonight”.

Oliver huyó a HBO junto a Tim Carvell, guionista veterano del “Daily Show”, por varias razones: era un programa semanal, él sería uno de los productores ejecutivos del formato, y además estaba en HBO. Esto último lo digo porque, como canal premium por cable que es, no emite anuncios (al estilo de Canal+ hasta hace pocos años). Esto supone una nula presión en cuanto a la crítica de marcas conocidas.

En un formato de media hora, John Oliver introduce cada episodio hablando de ciertos titulares de actualidad para seguir después con los 20 minutos restantes tratando un tema político, social o económico sin interrupciones. Todo esto mezclado con piezas de corta duración que evitan que el visionado se haga pesado para el espectador.

La primera temporada estuvo llena de entrevistas a invitados, tanto famosos como expertos en ciertas áreas del conocimiento, algo que cambió a partir de la segunda temporada, cuando los famosos actúan como complemento en ciertos gags en directo o pregrabados del programa.

El estilo de humor de Oliver es muy analógico. Y no me refiero a que sea un humor muy anticuado como el de las películas de comedia españolas ni que se transmita en UHF: las analogías y comparaciones abundan en las punchlines, siendo disparadas en dirección a (otra vez) los famosos.

Recordando que eso todavía existe

A través de las películas y series de origen norteamericanas, nos hemos hecho la idea de que los EEUU es un país grande y potente, donde no hay obstáculos en el camino hacia el éxito, donde puedes mantener un estilo de vida estable, donde ser clase media no es difícil. Lo hemos idealizado como un lugar perfecto para satisfacer nuestros deseos personales y laborales.

A modo de romper esta falsa imagen, John Oliver actúa como el europeo que llega a Estados Unidos, un país tan liberal política y económicamente que choca con su estilo de vida tan social-liberal, y que al ver ciertos aspectos que no le gustan, se pregunta: “¿Pero esto qué demonios es? ¿Cómo es que esto está pasando y nadie hace nada?”.

Lejos de lo que ya se ve a través de las últimas noticias del país, el cómico decide dar luz a temas presentes en las vidas de los ciudadanos estadounidenses que, por costumbre, se han incorporado de forma natural sin que parezca algo que combatir debido a la inacción política en esos ámbitos.

Se trata de señalar cosas como las debt buyers, compañías que se dedican a comprar deuda a entidades financieras, y que a pesar de la pobre información de los deudores que reciben, se dedican a reclamar el dinero en formas violentas. Todo eso permitido por una regulación que varía según el estado y con alrededor de 280.000 quejas escritas por consumidores referentes a esta industria.

El sistema político federal de los Estados Unidos es recurrente en muchos temas tratados por Oliver: cada estado puede decidir si obligar a las empresas de productos alimentarios a añadir una fecha de caducidad. Incluso ésta en muchos casos es un “sell by”, siendo en realidad no una fecha máxima de consumo, sino una información dirigida a las tiendas sobre cuándo un producto dejará de conservar la máxima calidad.

Estos segmentos suelen aparecer al día siguiente de su emisión en el feed de Facebook y Twitter de muchos norteamericanos, ya que la gente los comparte para reunir conciencia social y política por estos problemas para que desaparezcan. Sin embargo, el único objetivo de Oliver es informar y hacernos reír al mismo tiempo. De eso se trata la sátira.

El escudo del humor

La sátira es un género que consiste en “denunciar vicios y defectos” (en su acepción original), es decir, criticar ciertas actitudes o situaciones de forma divertida. Ya lo dicen las cejas de Oliver cada vez que explica un dato sorprendente, igual que el título de las piezas cortas del formato: “How is this still a thing?”. Provocar consecuencias políticamente hablando no forma parte del plan, y si ocurre, es algo anecdótico.

Peter Cook dijo que la mejor sátira del siglo XX fueron “los cabarets de Berlín, que hicieron un gran trabajo evitando el ascenso de Hitler al poder”. Esta frase irónica de otro humorista británico expresa el carácter estéril de la sátira para iniciar cambios políticos y sociales.

Jon Stewart y Stephen Colbert, ex-responsables de dos grandes programas de humor de Comedy Central alrededor del mismo género, ya expresaron estas mismas ideas en una entrevista para Rolling Stone:

Colbert: […] Esto no significa que lo que hacemos no tiene valor. Es duro de hacer, y a la gente le gusta, y es fantástico. Pero no implica que tenga un efecto en el sentido político.

Stewart: O que tenga unos intereses ocultos de cambio social. No somos guerreros en el ejército de nadie. Y eso no es un intento de autocrítica. Me enorgullezco de lo que hacemos. Me gustan estos dos programas. Me gusta hacerlos. Me gusta verlos. Estoy muy orgulloso de ellos. Pero entiendo cuál es su lugar. No nos vemos como líderes de movimientos sociales.

DOWD, Maureen (2006) Jon Stewart and Stephen Colbert: America’s Anchors, Rolling Stone.

En resumen, la sátira actúa más como una autodefensa contra los poderes establecidos y los problemas de la sociedad que como un ataque a éstos para derribarlos, porque la política es complicada, y aún más cuando hablamos de un país donde los mercados mandan.

Siendo imposible enfrentarse a los monstruos, solo se puede concienciar a la gente que se refugie de ellos. Por eso Oliver te avisa de no poner a tus hijos en escuelas concertadas, tener cuidado con los prestamistas de coches, o revisar tu historial criminal y de crédito para ver si hay algún error típico de las agencias que los elaboran.

Para que el mensaje se extienda lo más ampliamente posible, el presentador incluso hizo dos vídeos sobre el marketing multinivel, uno en inglés y otro en español (ya que muchas de las víctimas de esta estafa son de origen latinoamericano), y en ambos piden que los reenvíes de forma piramidal, al estilo de las empresas mencionadas.

Y no solo eso: puede crear un anuncio como si tuviera una compañía de préstamos de coches, montar webs cuyos nombres se pueden confundir con las agencias responsables de hacer los historiales, y también perdonar casi 15 millones de dólares de deuda. Son varios ejemplos de la autodefensa satírica de la que el programa es capaz de hacer.

Como también demostró al preguntarle al ex-trabajador de la CIA que desveló la vigilancia informática de los EEUU cuál sería la mejor contraseña:

En fin, el programa debería llamarse “Last Weakness of This Country Tonight”. Y los Estados Unidos tienen muchas debilidades, créeme.

Servicios Sociales deja sin Netflix a un joven de 35 años

Alrededor de las 22h40 de la noche del pasado jueves, el joven asturiano J.M. (no ha querido revelar su identidad ni la de la familia gitana con la que comparte la cuenta) descubrió que no podía acceder al servicio online de Netflix. “No me dejaba, decía que no podía entrar”, relata.

Este joven vive en casa de sus padres y suele obtener ingresos a través de trabajos temporales relacionados con su carrera de arqueología: “Normalmente atiendo a los eventos más tradicionales del sector, como el desentierro de Ana Obregón para el posado de verano o también la recuperación de la gracia de Bertín Osborne”.

Sin embargo, no consigue reunir el suficiente dinero como para contratar el videoclub online de series y películas de origen norteamericano Netflix, lo que le llevó a reclamar una ayuda al Estado. “Tuve que ir a Seguridad Social y pedir algo para poder seguir con mi visionado obligatorio de Black Mirror. Dicen que la tercera temporada está muy bien y no podía quedarme a medias, obviamente”, cuenta el joven arqueólogo.

El problema llegó cuando la cuenta en la que se depositaban las ayudas de Servicios Sociales se quedó a cero. “No entiendo cómo pueden deshacerse de mí tan fácilmente”, denuncia J.M., que ya se ha quejado de la situación y se ha puesto en contacto con Netflix vía Twitter para enviarle un GIF de Joey de “Friends” enfadado [1].

Cree que ahora más que nunca necesitará apoyo económico para superar estos próximos meses de invierno, en los que hay poca actividad en su sector laboral. “Pronto va a llegar HBO España y habrá que seguir con Lucifer y Juego de Tronos cuando me dé de baja del paquete Total del Movistar+”.

J.M. acaba lanzando un mensaje al sector audiovisual: “No puede ser que por ver una serie tenga que pagar algo y que por ver otra tenga que abonarme aparte”. Pide una “oferta conjunta, asequible y que tenga todo el catálogo de todas las productoras”, propone el asturiano antes de comentar la subida de la luz para mostrar su descontento con los monopolios.

“Late Motiv”: vuelve la tranquilidad de Buenafuente

Cuando Canal+ fue comprada a Prisa por Telefónica, eran evidentes las consecuencias: la plataforma resultante, Movistar+, daría lugar a un casi-monopolio que albergaría los abonados más fieles del sector y los mejores contenidos audiovisuales.

Pero también significaba una cosa: si la apuesta por la producción propia por parte de Canal+ ya era destacable, el gran operador de telecomunicaciones en la que ahora estaba en manos seguramente aceleraría y aumentaría la producción para los canales de la plataforma. Y así ha sido. Un ejemplo: Late Motiv.

En un entorno como es la televisión de pago española, donde las audiencias no son el emperador romano cuyo pulgar decide si sobrevives o mueres, Buenafuente se encuentra a gusto, como ha afirmado en todas las entrevistas. Y es que un late-night necesita una maduración. Y si no, que se lo pregunten a Conan O’Brien.

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Respetar la fórmula original

El late-night, que es dar un monólogo entrevistar a invitados, jugar con ellos, hacer mini-sketches, empezó en España con su versión, cómo no, española. Los primeros pioneros del formato en nuestro país fueron Pepe Navarro en Esta noche en el Mississippi con Krispin Klander y en segundo y medio con el crimen de Alcásser, y más tarde, Crónicas Marcianas, dedicado a reírse de los más frikis de España y a crear discusiones y enfrentamientos morbosos.

Por suerte, en Cataluña, las parabólicas de TV3 captaban (¿demasiado bien?) la esencia del formato americano y el equipo de Buenafuente lo puso bajo el Sense Títol, Sense Títol 2, Sense Títol S/N, La Cosa Nostra, y Una Altra Cosa. Ya en un ámbito nacional, Buenafuente se ceñía a la fórmula, pero era diferente: en Antena 3 era colocado en prime-time (una gran responsabilidad que tuvo que aguantar sin hormigas hablantes en la mesa), y en su regreso a laSexta, En El Aire estaba en una franja de dudosa rentabilidad publicitaria.

En ambos casos, los directivos pedían espectáculo en todo momento para que los espectadores no cambien de canal, y claro, hay que meter personajes histriónicos donde sea (aunque reconozco que lo llevaron bastantebien).

Pero como decía, en Movistar+ las audiencias poco importan (tienen casi 4 millones de abonados que les pagan mensualmente, la rentabilidad está asegurada), así que el nuevo programa de Buenafuente disfruta de una libertad creativa extraordinaria en su carrera, que se traduce por otro lado en un ambiente relajado y reflexivo en las secciones y entrevistas.

Combinación de elefante y guión

¿Con qué época te quedas tu? ¿De cuál estás más orgulloso?

A nivel de guión, de lo que más orgulloso estoy es de lo hecho en la etapa de La Sexta. No teníamos dinero para grandes proyectos y era todo muy distinto. Yo me acuerdo de pedir un elefante en Antena 3 por la mañana y por la tarde lo teníamos. Eso en La Sexta era impensable y por lo tanto, había que crear cosas más atrevidas, más ingeniosas… Cuanto menos dinero tienes, más tienes que sacar a relucir. Por otro lado, la época en Antena 3 era más divertida en un aspecto más Hormiguero, podías pedir cualquier locura y te la traían, era una época muy divertida y de vacas gordas. En La Sexta todo era más duro, no había dinero y los recursos se tenían que sacar desde el guión, dentro del cual también nos volvimos más políticos…

Entrevista a Tomás Fuentes, ¡Semejante Ramera!

En Late Motiv, sin falta de presupuesto, guionizar un programa de humor “en el pago” no supone una tarea muy complicada. Algunas secciones como la de Berto y su consultorio o Javier Coronas y su carrera profesional polifacética demuestran que hay momentos de sobra para reírse tranquilamente, y añadir un segundo punchline, sin necesidad de grandes medios, solo con un guión o texto con suficiente calidad.

Pero si hay una buena y valiosa idea que explote lo absurdo y requiera un cierto decorado o attrezzo, ningún problema. Aquí tener clase no es un lujo, hacer locuras parece sensato. Pero como los años de la burbuja inmobiliaria no volverán nunca, en vez de un elefante, mejor te pedimos un burro y arreando que es gerundio.

Va a pasar lo contrario que estás pensando

Así pues, pese a tener una estructura semanal fija, el programa te puede pillar desprevenido en cualquier momento. Y el efecto sorpresa supera los límites, ya que te puede saltar un Ferreras en medio de una entrevista, un Pikachu en medio del monólogo o Chicho Ibáñez Serrador como estrella invitada sin que nadie lo sepa.

Ese aspecto de esquema invariable diario a veces se puede romper. Buenafuente ha probado con especiales temáticos, dedicando un programa entero al drama de los refugiados improvisando un plató en Lesbos, dejando que fluya un aire de libertad sexual, o rindiendo homenajes a varios cómicos.

También hay que destacar que se ha innovado en el talento, pues el (cómico y) poeta Ignatius Farray, el presentador de telediario de Devon Knight y las imitaciones sin límites de Raúl Pérez y Martín Bossi demuestran que Late Motiv es un espacio dedicado a cultivar y desarrollar el humor como un arte complejo.

Por ejemplo, el humor negro de Broncano y Quequé en la sección de Noticias Gravísimas se ganó tantos aplausos en los comentarios de YouTube que El Terrat ahora produce LocoMundo para #0, programa semanal centrado en un tema tratado desde distintos puntos de vista, todos ellos arropados por el humor rural de Broncano.

Pero no todo se limita al ámbito del humor: como cualquier late-night, es consciente de su responsabilidad para servir también de ventana a artistas del mundo de la música, sin discriminación alguna: los viejos y los novatos, acompañados y en solitario, verdaderos y ficticios.

Late Motiv acaba siendo más que un late-night: un rincón donde disfrutar la comedia, donde descubrir artistas, donde escuchar una conversación sincera y sin prisas con un invitado. Late Motiv es un agradable pub televisado. Pub-per-view.

El fantasma de la sanidad pública estadounidense

Estados Unidos es el país perfecto para los emprendedores y personas que estén dispuestas a sacrificarse y así obtener riqueza y éxito a largo plazo como recompensa por su duro trabajo.

A no ser que tiendas a coger enfermedad. Entonces quédate donde estás.

En Europa siempre hemos alabado a Estados Unidos como la mayor potencia económica en el mundo por vender cosas fabricadas en China y envueltas en una caja hecha en su país, pero por otro lado también le hemos temido por ciertos aspectos, como el racismo, el derecho a poseer un arma, o la sanidad.

A continuación, haré un repaso al sistema sanitario estadounidense, lo que no me exenta de hacer broma con el tema. Porque, vamos a ver, arriba en la cabecera de este blog pone “Humor independiente y variado”. Si no sabes leer pero te gusta informarte sobre el tema, te reconozco el mérito y el esfuerzo que haces, pero no te quejes del ocasional humor negro que uso por estos lares.

Sigue leyendo si quieres averiguar el único motivo por el cual debes estar orgulloso de vivir en España…

Comparativa: “Horchata de Chufa” VS “La Horchata”

El verano ha llegado, y con ello, han vuelto a renacer el arrepentimiento de no haber cumplido el propósito de Año Nuevo de perder kilos, cosa que se nota cuando encuentras petróleo en esas profundidades de la arena en las que has caído por culpa de tu peso.

Además, el cambio estacional supone una fuerte preferencia por los productos fríos, tal como me confirman los nietos de Walt Disney, que en las noches de agosto duermen con el abuelo. Es por eso que la horchata, la hermana bastarda de la leche que fue acogida por los valencianos, tiene tanto éxito en los días de verano.

Es mi deber, como crítico gastronómico certificado por un papel que indica que hice un máster online de 2500 euros que sorprendentemente aprobé que soy, guiaros entre las mejores y lujosas horchatas del país. Es por eso que he escogido dos que me he encontrado en el top manta del parking de un Mercadona para contaros qué diferencias tienen.

Por un lado tenemos, recién salida de un laboratorio de meta controlado por un concejal del PP que no tenía ni puta idea de que tenía un laboratorio de meta, cuyo packaging y grafismo te recuerda a cuando Abderramán II puso las primeras baldosas en el aeropuerto de Córdoba… ¡”Horchata de Chufa”!

Y por el otro lado, con un aspecto más artesanal que cuando Bertín Osborne pica en las piedras para escribir chistes de maricones, mostrando una imagen de un hombre sosteniendo una bandeja con la horchata, como diciendo: “Pues eyacular en un TetraBrik era más difícil de lo que pensaba”… ¡”La Horchata”!

HORCHATA DE CHUFA VS LA HORCHATA. DING-DING-DING-DING. FIGHT!

Sigue leyendo si eres más de comer vómito que de beber horchata…

“Las ventajas de ser un marginado”

Anoche miré esta película, dirigida y guionizada por Stephen Chobsky a partir de la novela homónima que él mismo escribió previamente.

“Las ventajas de ser un marginado” está protagonizada por Charlie, un adolescente introvertido, que nos lleva a inicios de los 90 para mostrarnos su vida tan vacía, la cual da un giro sorprendente cuando descubre a Patrick y Sam. Estos tres, junto a otros amigos (y aventuras) que se le presentarán, intentarán sobrevivir a una etapa de la vida en la que se ayudarán a medida que sufren los típicos problemas de la adolescencia.

No me he leído el libro que la ha inspirado, que en la mayoría de casos difiere mucho de la adaptación cinematográfica, y en este en particular, la historia no cambia mucho pero sí llega a presentar otras subtramas. Pero me da igual.

Me doy cuenta de que he contemplado, a la vez que he presenciado las tramas de los personajes, el retrato de una época no muy lejana. Para mí, los casettes son algo reciente (la colección de mi padre tiene la culpa), pero ese entorno lleno de moda, cultura y música de otro tiempo me hace pensar que Marty McFly también se sentía algo desorientado y perdido en los 50 como yo durante el visionado de la cinta.

Elegí verla por dos razones: una, porque trata de un adolescente introvertido, logrando una identificación muy alta con el adolescente introvertido que está escribiendo estas líneas, y segundo, para descubrir cuáles son esas ventajas de las que disfruta alguien tan solitario como un marginado. Y puede que las encontrara.

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