Entrevista al productor de la dictadura de Franco

Hoy está con nosotros Federico Arias, un productor responsable de muchas películas y series españolas, pero que es conocido sobre todo por su participación en la creación y desarrollo de la dictadura de Francisco Franco (1939 – 1975), cuyo éxito arrollador le ha permitido hacerse un hueco en el género del drama con otras producciones como los GAL, el Trío de las Azores, o la serie “Gym Tony”.

¿Qué hacías en el año 1939?

En ese entonces estaba trabajando con un amigo mío del colegio en una productora. Como también funcionábamos como una agencia de publicidad, hacíamos anuncios por encargo, como de obras de teatro, pomadas, garajes…

Recuerdo el éxito que tuvimos cuando lanzamos el de “Radio Compro”. Un tío de Zaragoza nos llamó porque necesitaba una radio, así que le dimos una vuelta al concepto y en vez de poner “Compro radio” (como tradicionalmente se habría hecho) pusimos “radio” al principio y “compro” al final.

A partir de eso, la empresa despegó y fuimos la productora más exitosa de Barcelona. Puede que influyera el hecho de que mataron a los directores de las demás por ser unos “rojos”, pero yo confío en que fue nuestro trabajo el que nos dio tanta reputación.

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El anuncio en cuestión.

¿Cómo llegó a contactar Franco contigo?

Pues un día estábamos en la oficina y llegaron cuatro militares con Franco, que venía de no sé dónde, de comprar huevos, o de una clínica, algo así, no lo recuerdo bien… En fin, nos informó que el bando azul iba ganando territorio y que probablemente ganarían la guerra pronto, así que quería empezar a gobernar y para eso nos contrataba, para montar su gobierno y todo eso.

Eso nos lo dijo después de que hubiéramos confundido a Franco con una niña perdida y le diéramos una piruleta.

¿Os dio Franco algunos requisitos que había de tener el proyecto?

Sí, que todos los dirigentes y políticos fueran “enchufados”, es decir, elegidos por él mismo. En principio eso tenía que quitarnos trabajo, no se necesitaba hacer un casting ni nada de eso, pero nos comía el remordimiento de que no fueran lo suficientemente profesionales para desempeñar sus respectivos papeles. Por ejemplo, tuvimos que poner a Carrero Blanco, pero yo en su lugar habría elegido a un piloto de carreras profesional. Eso de “enchufar” a gente me hacía sentir mal…

¡Pero entonces me acordé de que estaba dirigiendo la productora de mi padre! ¡Toma enchufe! [Ríe de forma estridente y con los ojos abiertos, colocándose a dos centímetros de mi nariz]

¿Os inspirasteis en algún modelo anterior o seguisteis a vuestro libre albedrío?

En realidad, nuestro objetivo era imitar el Tercer Reich de Hitler, hacer un remake [lo pronuncia literalmente] a la española. Y como siempre ocurre con las versiones españolas de un formato extranjero, comenzamos a darnos cuenta de que iba acabar siendo una mierda.

Los nazis exterminaban a los judíos, ¿pero nosotros a quién? ¿A los gitanos? ¿Y los ponemos en un campo de concentración? Imposible. Llevarlos a vivir entre cuatro paredes de ladrillo y bajo un techo incluso les mejoraría la vida.

Éste era uno de los problemas, entre otros. No solo por cuestiones ideológicas, también de presupuesto. Franco nos había dado unas 20.000 pesetas justas (120€), de forma que no podíamos costearnos el racismo, ni participar en la Segunda Guerra Mundial, etc. Por ejemplo, el primer NO-DO que hicimos consistía en ir pasando fotos de Franco mientras una trompeta desafinada tocaba de fondo el “Cara al sol”.

Supongo que esa falta de recursos afectó mucho al proceso de producción.

¿Y si te dijera que Franco iba a hacer la Tercera Revolución Industrial? ¿Cómo te quedas? El hombre tenía buenas ideas para que España avanzara al resto de países, pero aun siendo de derechas no tenía la pasta suficiente para hacerlo realidad.

Entre las alternativas, finalmente escogimos poner en acción el Plan de Desarrollo de Transporte y Comunicaciones Hidrológicas Intercomunitarias de España.

Hacer pantanos, vamos.

Exacto. Este país no estaba lo suficientemente capacitado para obtener agua, y si no hubiéramos llevado a cabo el plan, estaríamos tan hundidos en la pobreza que seguramente Andorra ya nos habría apadrinado.

Aunque la dictadura superó una longevidad de 30 años, lo que se considera un enorme éxito, la gente no lo suele recordar con nostalgia o añoranza.

Admito la crítica, puede que a cada uno le guste o puede que no, pero también hay mucha hipocresía. Hay personas afirmando que la dictadura se alargó demasiado, pero luego se alegran cuando “Los Simpson” sacan nuevos capítulos. O los típicos que denuncian la cantidad de fusilados y “fosas comunes” que tuvieron lugar, y al mismo tiempo son fans de cada genocidio que se monta en “Juego de Tronos”.

¿Qué fue lo que marcó el punto final a la dictadura?

Básicamente, llegaban los años 70, y el rey Juan Carlos [productor ejecutivo delegado del equipo de Franco] sentía que España se estaba quedando bastante estancada: la dictadura iba perfectamente, pero él sentía la necesidad de renovar y crear algo nuevo, un producto que empatizara con más sectores demográficos, como los “rojos” o los catalanes. Con los vascos costó más… [Ríe] …porque estaba ETA. [Se pone serio]

También era por cuestiones personales; la dictadura le agotaba mucho al rey y le intentaba darle fin para dedicarse a tiempo completo a su verdadera vocación: convertirse un payaso profesional, especializándose en el truco de la piel de plátano.

Él había escuchado algo de una llamada “democracia”, un formato que ya había triunfado en otros muchos países, y que probablemente también funcionaría aquí. Aprovechando la muerte de Franco, decidió finalizar para siempre el proyecto e impulsar el nuevo.

¿La Transición sirvió como una evolución natural a la democracia?

Si te digo la verdad, la dictadura de Franco y el actual sistema democrático no difieren mucho de sí. La Transición se hizo al estilo “Aquí No Hay Quién Viva”: crearon otra serie igual, con la misma corrupción, los mismos fachas, la misma sociedad y economía precaria de siempre, pero cambiando el nombre.

¿Ha participado en proyectos similares últimamente?

Bueno, hice de director del 23-F, una miniserie que hicimos para la Transición, pero de eso ya hace muchos años. También estuve como productor en la Burbuja Inmobiliaria Española, de 1997 a 2007, pero se canceló por falta de presupuesto. Ah, y en “Gym Tony”, pero también se canceló, en este caso por falta de gracia.

Mafia Secrets, by David Marín

The two men agreed to meet each other in the restaurant. It was secret. Nobody else knew.

Anthony arrived late. Chris was suspecting him.

– Did anybody follow you?
– Nope. Not at all.
– Then, why are we talking under the table?

Anthony makes a pause and tries to explain it.

– Because I didn’t know which part of the table you were most comfortable on…
– Well, I like to be above the table.
– OK, fine.

The two men got back to the normal position.

– Why are you so late?
– Because we had to make a settling of scores.
– Who was the lucky guy?
– A family guy who borrowed money from us and didn’t want to return the favor.
– Oh.
– Guess what he spent it on.
– I don’t know. Just say it.
– Disneyland.

Chris raised an eyebrow.

– Really?
– He wanted to visit his wife.
– His wife lives in Disneyland?
– Well, she’s the woman we killed and buried in Disneyland.
– Oh, I remember… What was that for?
– Because she borrowed money from us to set up her big wedding and…
– …She didn’t want to return the favor.
– No, she did. She suicided and made it look like Mickey Mouse killed her.

Chris raised his other eyebrow.

– Why would she make that?!
– Because that was the favor!
– We wanted to have Mickey Mouse dead?!
– How do you think he started the Disney empire? He just asked us for a loan!

Chris took down his eyebrows and sighed.

– That’s why I want to finish with this job. It’s getting more complex and absurd…
– So do I.
– Where did you bury the body?
– In Disneyland.
– Did you go there just to bury a deadbeat?
– Sure.
– And the reason is…?
– We had planned a meeting with Minnie about the debts Mickey left.

Chris passes his hands over his head because of the nonsense.

– And where are their children?
– They are now with a woman who requested us to adopt some kids without bureaucracy and that stuff.
– Oh, my god…
– It sounds weird, I know, but this will be our job until we resign.
– And how will we do that?
– That’s what this meeting should be about, right?

The waiter arrives and the men order their food.

Then, they get back to the talk.

– We must inform our boss, Chris.
– Are you serious? When we tell him our resignation, he’ll take us to Disneyland!
– Bullshit! He will understand and let us be free.
– Sure, he will have already bought our tickets…
– Stop saying that!

After 30 minutes of talk, they left and went directly to the boss’s house.

– We came here to let you know about our personal situation.
– We think that working in your business is a pleasure…
– …But we want to settle down and start a family.
– Exactly, that’s why we have decided to resign.
– We thank you for employing us all these years.

There was a long silence while the boss stared at them.

– Minnie hasn’t paid Mickey’s debts, has she?
– No, she hasn’t, but it has nothing to do with our decision.

The boss stands up and inhales and exhales.

– All right, I accept it. We had some great time here, guys. I hope you have a great new life.
– Oh, thank you, we appreciate your gesture a lot. It’s been a nice experience.
– I wish you the best.
– We desire the same for you, too.
– I hope we can see each other someday.
– Of course, we’ll sure do. Until then, goodbye.
– Goodbye.

10 years later…

There’s a bunch of people, some of them crying, in a funeral.

On another side, there are four men looking at the ground, one of them sobbing quite much.

– Why? He shouldn’t have… It wasn’t his fault…

It could be read on the gravestone:

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He would be the first of a long series of revenge murders by Minnie.

“Last Week Tonight”: la desmitificación de los EEUU

La sátira política está en su edad de oro en los Estados Unidos. Samantha Bee, Trevor Noah, Stephen Colbert y Seth Meyers; todos ellos tienen dedican parte o todo su late night a hablar de política de la forma más crítica y a la vez mordaz posible.

Sin embargo, hace dos años que alguien lleva haciendo este trabajo cada domingo por la noche en un rincón de la televisión por cable estadounidense: John Oliver, con su programa “Last Week Tonight” en el canal premium HBO. A continuación analizaremos la estructura y el formato, además del fondo argumental del programa.

John Oliver, el corresponsal británico

En 2006, directamente de Reino Unido aterrizó el cómico John Oliver en “The Daily Show”, el late night de sátira política por excelencia en Estados Unidos. Allí desempeñó el cargo de corresponsal británico senior en diferentes temas (como ocurre con la resta de la cantera de Jon Stewart, que igual que los tertulianos, pueden ser expertos en cualquier cosa de la noche a la mañana).

En este reportaje del 2007 ya podemos ver los rasgos más significativos del estilo de Oliver: su acento británico que sirve para enunciar contradicciones o palabrotas de forma hilarante, así como su carácter investigador que siempre acaba en sorpresa irónica cuando choca con la realidad.

No fue hasta el verano de 2013 cuando obtuvo un papel más relevante en el espacio de humor. Coincidiendo con la tarea por parte del presentador Jon Stewart para dirigir una película, su puesto fue relevado a Oliver. Liderar el programa en el que solo había sido colaborador durante dos meses le llevó a ser reconocido por los críticos de televisión, que elogiaron el sustituto temporal de Stewart.

Tras esto, Jon le llamó para hablar de su futuro. Esta frase, que puede parecer el avance del despido, era en realidad una invitación para hablar del futuro del cómico. Cuando Oliver le reveló que había recibido una oferta de HBO, Stewart le contestó: “Sería de locos no coger eso”. Y el británico finalmente aceptó.

La actualidad en su justa medida

En 2014, “Real Time with Bill Maher”, hasta entonces el único espacio semanal satírico que se emitía en HBO, recibió la llegada de un compañero de género: “Last Week Tonight”.

Oliver huyó a HBO junto a Tim Carvell, guionista veterano del “Daily Show”, por varias razones: era un programa semanal, él sería uno de los productores ejecutivos del formato, y además estaba en HBO. Esto último lo digo porque, como canal premium por cable que es, no emite anuncios (al estilo de Canal+ hasta hace pocos años). Esto supone una nula presión en cuanto a la crítica de marcas conocidas.

En un formato de media hora, John Oliver introduce cada episodio hablando de ciertos titulares de actualidad para seguir después con los 20 minutos restantes tratando un tema político, social o económico sin interrupciones. Todo esto mezclado con piezas de corta duración que evitan que el visionado se haga pesado para el espectador.

La primera temporada estuvo llena de entrevistas a invitados, tanto famosos como expertos en ciertas áreas del conocimiento, algo que cambió a partir de la segunda temporada, cuando los famosos actúan como complemento en ciertos gags en directo o pregrabados del programa.

El estilo de humor de Oliver es muy analógico. Y no me refiero a que sea un humor muy anticuado como el de las películas de comedia españolas ni que se transmita en UHF: las analogías y comparaciones abundan en las punchlines, siendo disparadas en dirección a (otra vez) los famosos.

Recordando que eso todavía existe

A través de las películas y series de origen norteamericanas, nos hemos hecho la idea de que los EEUU es un país grande y potente, donde no hay obstáculos en el camino hacia el éxito, donde puedes mantener un estilo de vida estable, donde ser clase media no es difícil. Lo hemos idealizado como un lugar perfecto para satisfacer nuestros deseos personales y laborales.

A modo de romper esta falsa imagen, John Oliver actúa como el europeo que llega a Estados Unidos, un país tan liberal política y económicamente que choca con su estilo de vida tan social-liberal, y que al ver ciertos aspectos que no le gustan, se pregunta: “¿Pero esto qué demonios es? ¿Cómo es que esto está pasando y nadie hace nada?”.

Lejos de lo que ya se ve a través de las últimas noticias del país, el cómico decide dar luz a temas presentes en las vidas de los ciudadanos estadounidenses que, por costumbre, se han incorporado de forma natural sin que parezca algo que combatir debido a la inacción política en esos ámbitos.

Se trata de señalar cosas como las debt buyers, compañías que se dedican a comprar deuda a entidades financieras, y que a pesar de la pobre información de los deudores que reciben, se dedican a reclamar el dinero en formas violentas. Todo eso permitido por una regulación que varía según el estado y con alrededor de 280.000 quejas escritas por consumidores referentes a esta industria.

El sistema político federal de los Estados Unidos es recurrente en muchos temas tratados por Oliver: cada estado puede decidir si obligar a las empresas de productos alimentarios a añadir una fecha de caducidad. Incluso ésta en muchos casos es un “sell by”, siendo en realidad no una fecha máxima de consumo, sino una información dirigida a las tiendas sobre cuándo un producto dejará de conservar la máxima calidad.

Estos segmentos suelen aparecer al día siguiente de su emisión en el feed de Facebook y Twitter de muchos norteamericanos, ya que la gente los comparte para reunir conciencia social y política por estos problemas para que desaparezcan. Sin embargo, el único objetivo de Oliver es informar y hacernos reír al mismo tiempo. De eso se trata la sátira.

El escudo del humor

La sátira es un género que consiste en “denunciar vicios y defectos” (en su acepción original), es decir, criticar ciertas actitudes o situaciones de forma divertida. Ya lo dicen las cejas de Oliver cada vez que explica un dato sorprendente, igual que el título de las piezas cortas del formato: “How is this still a thing?”. Provocar consecuencias políticamente hablando no forma parte del plan, y si ocurre, es algo anecdótico.

Peter Cook dijo que la mejor sátira del siglo XX fueron “los cabarets de Berlín, que hicieron un gran trabajo evitando el ascenso de Hitler al poder”. Esta frase irónica de otro humorista británico expresa el carácter estéril de la sátira para iniciar cambios políticos y sociales.

Jon Stewart y Stephen Colbert, ex-responsables de dos grandes programas de humor de Comedy Central alrededor del mismo género, ya expresaron estas mismas ideas en una entrevista para Rolling Stone:

Colbert: […] Esto no significa que lo que hacemos no tiene valor. Es duro de hacer, y a la gente le gusta, y es fantástico. Pero no implica que tenga un efecto en el sentido político.

Stewart: O que tenga unos intereses ocultos de cambio social. No somos guerreros en el ejército de nadie. Y eso no es un intento de autocrítica. Me enorgullezco de lo que hacemos. Me gustan estos dos programas. Me gusta hacerlos. Me gusta verlos. Estoy muy orgulloso de ellos. Pero entiendo cuál es su lugar. No nos vemos como líderes de movimientos sociales.

DOWD, Maureen (2006) Jon Stewart and Stephen Colbert: America’s Anchors, Rolling Stone.

En resumen, la sátira actúa más como una autodefensa contra los poderes establecidos y los problemas de la sociedad que como un ataque a éstos para derribarlos, porque la política es complicada, y aún más cuando hablamos de un país donde los mercados mandan.

Siendo imposible enfrentarse a los monstruos, solo se puede concienciar a la gente que se refugie de ellos. Por eso Oliver te avisa de no poner a tus hijos en escuelas concertadas, tener cuidado con los prestamistas de coches, o revisar tu historial criminal y de crédito para ver si hay algún error típico de las agencias que los elaboran.

Para que el mensaje se extienda lo más ampliamente posible, el presentador incluso hizo dos vídeos sobre el marketing multinivel, uno en inglés y otro en español (ya que muchas de las víctimas de esta estafa son de origen latinoamericano), y en ambos piden que los reenvíes de forma piramidal, al estilo de las empresas mencionadas.

Y no solo eso: puede crear un anuncio como si tuviera una compañía de préstamos de coches, montar webs cuyos nombres se pueden confundir con las agencias responsables de hacer los historiales, y también perdonar casi 15 millones de dólares de deuda. Son varios ejemplos de la autodefensa satírica de la que el programa es capaz de hacer.

Como también demostró al preguntarle al ex-trabajador de la CIA que desveló la vigilancia informática de los EEUU cuál sería la mejor contraseña:

En fin, el programa debería llamarse “Last Weakness of This Country Tonight”. Y los Estados Unidos tienen muchas debilidades, créeme.

“Torres en la cocina” infernal

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Dos hermanos gemelos que cocinan. Já. Qué original. Les pareció buena idea a los directivos de TVE contratar a esta pareja tan curiosa de cocineros y darles su propio programa diario en el mediodía. La productora tampoco era consciente de con quien irían a trabajar durante los próximos años.

Los hermanos Torres aparecieron en el primer ensayo los dos juntos. Iban a cocinar una tarta de queso con capa de caramelo. Todo normal: cocinaron con agilidad, hablaban a la cámara de forma natural, y por supuesto, el pastel salió bien. Se decidió hacer una tanda de 80 episodios, y se aspiraba a una renovación para otros más.

TVE lo hacía para rellenar ese hueco de los mediodías, pagaría lo que fuera necesario para cubrir ese vacío, así que no tuvo reparos cuando la productora le pidió un presupuesto más grande que para hacer un episodio de “El ministerio del tiempo”. Aceptó y ya está.

El conflicto diario entre ellos no tardó en aparecer. En la segunda semana, los dos hermanos ya competían para llegar lo más rápido posible al estudio. Hubo varios accidentes por la zona. “Van lanzándose pelas de plátano a las ruedas, como si el coche resbalara al pasar por ellas”, cuenta un Guardia Civil de la zona. Esa situación se ha vuelto habitual. “Un día llegaron a empotrarse contra el plató. Vaya leche se pegaron…”.

Una vez dentro, la batalla entre hermanos continúa. “Sergio es muy envidioso de Javier, no le gusta ser gemelo”, nos dice la maquilladora: “A veces me pide le repase la cara con un tono carne más oscuro, parecido al del Cigala, solo para marcar la diferencia”. De todas formas, este choque continuo no es apreciable ante las cámaras, debido a que medio presupuesto se destina a las toxinas cosméticas que fuerzan sus sonrisas. “Se les queda la cara hecha un pastel“.

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La guerra entre hermanos es sutil ante los telespectadores: podemos ver la cara achechina de un hermano hacia el otro. Los mensajes subliminales no faltan en forma de pizarra: “Esa receta es mía…”.

“No hacen nada, solo simulan cocinar”, llega a afirmar un productor. “Siempre discutían por cualquier cosa, así que tenemos un cocinero que se dedica a hacer los platos”. Hay que mencionar que, cuando cocinaban los mismos hermanos, en un episodio los dos se contraatacaron cuando daban el ‘toque final’ al plato: Javier ponía albahaca, Sergio ponía laurel, y entonces Javier lo tapaba con orégano, y Sergio volvía con perejil. “Lo más fuerte de todo es que estaban haciendo una ensalada”, asegura.

La decisión para poner público en el plató fue inmediata. “No podíamos seguir así”, dice la directora del programa. “Veías cómo volaban los cuchillos. En una ocasión Javier no supo recibir un lanzamiento y se le clavó el cuchillo en toda la mano”. ¿Y qué hizo Sergio en ese momento? “Nos amenazó con acuchillarnos también si llamábamos a una ambulancia porque quería alargar la hemorragia para colectar la máxima cantidad de sangre y meterla en un bote”. Sergio susurraba sin parar: “Toma, tomate“.

El público sirve como exposición directa de los cocineros a la gente, de forma que tienen que trabajar profesionalmente, fuera de la zona de protección en que podían atacarse mutuamente sin problemas. “Ahora están algo más relajados, ya no montan tantos pollos como antes”, declara orgullosamente la directora del espacio.

Sin embargo, las pullas entre hermanos no han cesado. La productora no quiere ni confirmar ni desmentir la edición en DVD del programa, con escenas eliminadas incluidas. “En posproducción hay un trabajo muy arduo de cortar aquellos comentarios más rebuscados y ofensivos”, lamenta un técnico del departamento. “Son unos capullos integrales, hay que reconocerlo”.

Otro miembro del equipo de pospo se queja de los “malabares que debe hacer con el Premiere” (el programa de edición de vídeo que usan). “Se enfadan entre ellos aun no haciendo una mierda y cobrando 2000 euros, mientras yo estoy aquí currándomelo para que salgan perfectos por unos míseros 600. Tiene huevos la cosa…”.

Operadores rurales: ¿es rentable poner Internet en Cuenca?

Hace casi dos décadas, las personas podían tener reflexiones y pensamientos polémicos y desagradables que no expresaban ante sus conocidos y preferían dejarlos en su intimidad. Entonces apareció Internet, como el nuevo medio de comunicación global que cambiaría nuestras vidas: ahora serían más tristes que antes.

Sin embargo, este invento satánico usado para fines diabólicos como ver porno, atentados de ISIS y vídeos de Chiquito de la Calzada en los 90 se limitó a los núcleos urbanos, lo que dejó a millones de personas del ámbito rural desamparadas de él.

Poco a poco aparecieron iniciativas empresariales que apostarían por ampliar la cobertura de Internet a los pueblos, para que así la gente del medio rural pudiera disfrutar también de este intercambio de conocimientos que diera respuesta a preguntas universales como: ¿zíme tiro auna burra, zepué quedá embarazá?

Así pues, vamos a analizar y seguir la apasionante historia de los operadores de Internet en zonas rurales.

Opciones alternativas con fallos tradicionales

¿Te acuerdas de Terra? PUES SIGUE AHÍ DESPUÉS DE LA BURBUJA DE INTERNET. MÍRALO. PD: EN EL CHAT SOLO QUEDAN DROGADICTOS Y PEDÓFILOS, EN SERIO.

¿Te acuerdas de Terra? PUES SIGUE AHÍ DESPUÉS DE LA BURBUJA DE INTERNET. MÍRALO. FEEL OLD YET?

Tener Internet era un lujo innecesario en los años 90: la tarifa ADSL de 2Mbps de Telefónica costaba alrededor de 180€, lo que ahora gastas en Movistar Fusión que incluye el teléfono, el móvil, el Internet, la televisión, el antivirus, la alarma del hogar, una batamanta, un hilo musical, y un rótulo que cada día da una frase motivadora.

Y si ya era bastante caro y lento el Internet en la ciudad, en los pueblos la gente prefería consultar su bandeja de SPAM por el telégrafo. Había que democratizar el Internet, ¿pero cómo? Montar un falso golpe de Estado para iniciar una verdadera democracia ya estaba muy visto, era hora de buscar soluciones alternativas.

Ondas, ondas, dubidú, si no las coges, ¡allá tú!

En 2004, nació el estándar de comunicaciones inalámbricas WiMAX. Esta tecnología consistía en que, a partir de una estación base que recibiera la transmisión de datos por cable, ésta emitiera las señales por aire a través de ondas electromagnéticas. Estas señales podían ser recogidas mediante un receptor exterior, conectado a un router que provee el acceso a Internet a cualquier dispositivo conectado a él.

No hay que llamar a José para que pase cable ni hay que poner placas en las aceras para tapar las infraestructuras bajo tierra: es útil y eficiente en términos económicos. Sin embargo, la velocidad deja mucho que desear: puedes disfrutar hasta 6Mbps. Algunos se conformaron y otros prefirieron que les enviaran el vídeo de la ardilla dramática en VHS.

Actualmente hay diversos operadores regionales o locales que ofrecen este tipo de conexión. De hecho, hay más de 60.000 puntos de conexión WiMAX por todo el territorio nacional, y en realidad nadie los ha pirateado todavía por miedo a que salte el clip del Word y te detenga ahí mismo.

Sin embargo, las interferencias y la distancia influyen en la buena recepción de la emisión de las estaciones base WiMAX, así que se buscó una solución más eficaz. A inicios de los 90, la época de oro del satélite, compañías como Teledesic de Microsoft llevaban el proyecto ambicioso de crear una red de satélites alrededor de la Tierra que distribuyeran conexión a Internet con más velocidad y menos coste.

Como todo en Microsoft, el proyecto fracasó más que un curso de feminismo impartido por Forocoches, así que esa utopía no volvió a ser una opción realista hasta principios de 2003, con el lanzamiento del primer satélite que ofrecía Internet a nivel minorista por parte de Eutelsat.

A partir de entonces, varios operadores y distribuidores han surgido para ofrecer acceso a Internet por satélite, aunque las tarifas son excesivas: desde 30 a 40 euros para conseguir unos míseros 10Mbps. Además, la instalación es cara y suelen haber retrasos en la conexión. Muchos clientes al final se rinden y se conectan al típico WiFi abierto de cualquier nave extraterrestre.

En estos momentos no le queremos atender. Por favor, jódase unos momentos.

Actualmente, aquellas familias o parejas más jóvenes de los núcleos rurales tratan de sobrevivir con los datos de la tarifa 3G o 4G de su móvil, aunque no siempre la cobertura alcance sus zonas residenciales. Pero éstos ya están observando la llegada de una nueva tecnología que facilitará su día a día.

El fuego.

Es broma: ya tienen el fuego, ahora les faltan brujas para quemar en las hogueras. Me refiero a la fibra óptica, los nuevos cables de vidrio y plástico que permiten transportar un mayor ancho de banda y con más resistencia, lo que significa más calidad y velocidad, que se ha ido implementado en España desde 2008.

La penetración de esta tecnología (FTTH: Fiber To The Home –en español Fibra Pá Mi Chabola) se encuentra actualmente desarrollada en nuestro país a medias: abarca un 52% del territorio español. Es decir, ahora mismo tienes las mismas probabilidades de tener fibra en tu zona que que no tengas. Telefónica se puso como objetivo aumentar la cobertura hasta el 97% en 2020. ¿Lo conseguirá? Responde César Alierta:

La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) obligaba el año pasado al operador azul a compartir su red de fibra óptica con los demás operadores en ciertos sitios, lo que puede frenar el despliegue planeado. ¿Para qué gastar dinero propio cuando después los otros me robarán el negocio? Eso deberíamos habernos preguntado antes de gastar dinero público en Telefónica.

Y si se diera el caso que Telefónica llega a desplegar fibra en pueblos, Orange y Vodafone no tendrían intención de acercar la fibra a los pueblos, siendo ya un proceso largo la rentabilidad de sus correspondientes redes en las grandes capitales españolas.

Telefónica, sin embargo, sí ofrece Internet en algunas demarcaciones mediante acuerdos con ayuntamientos o la presencia de una zona industrial cercana. Allí donde aún no ha llegado, los pueblos se sienten como Lepe: temen que haya gente riéndose de ellos ahora mismo en Internet.

El único niño del pueblo con el que juntarte

El oligopolio de las telecomunicaciones no ve que sea muy rentable eso de llevar la fibra óptica en este tipo de lugares, así que han surgido otros operadores cuyo fin es aprovechar este problema y dedicarse a proveerla a este target olvidado.

Su lema: Conexión por nodos, porno para todos.

Existe el curioso caso de Guifi.net, una red de telecomunicaciones formada por usuarios de forma libre y sin ánimo de lucro. Entre otras de sus aplicaciones, los participantes pueden compartir su conexión a Internet con otros, que deben instalar un repetidor o antena previamente y pagar (si se acuerda así) a medias la cuota.

De momento, este proyecto colaborativo al que puede sumarse todo aquel que quiera mediante donaciones económicas o materiales (aportando medios para extender la red) ya sobrepasa los 30.000 nodos activos, distribuidos por Cataluña, la Comunidad Valenciana y los IBM con Windows 2000 del País Vasco y Galicia.

Su fundador, Ramón Roca, niega que la fibra óptica no sea rentable en los núcleos de población rurales, ya que según dice en El Confidencial: “persuadir al pueblo entero para que sufrague la infraestructura abarata los costes [de la conexión]”. A ver, es verdad, pero tiene sus “peros”.

Hay que tener en cuenta que España es uno de los países más envejecidos del mundo, y eso se nota en los pueblos, donde la demanda de Internet se reduce a una minoría joven con la que los operadores regionales amortizarán sus costosas inversiones en fibra óptica probablemente a largo plazo.

Obviamente, los más viejos no querrán pagar por algo que no usarán ni entenderán nunca, a excepción de la enciclopedia del mundo animal, el nuevo contador de gas, la tarifa de luz con la que pagas menos, la máquina de masajes que te vuelve joven en una semana, y la secta de los testigos de Jehová que les vendió un hombre muy majo en la puerta de sus casas.

Sin embargo, el riesgo económico que supone instalar esta tecnología es un repelente para todos los operadores. Y esto es un punto a favor de estos operadores rurales: el monopolio de las zonas rurales, así que sus clientes no tienen más opción que quedarse con ellos o perderse el meme de la mujer calculando.

Adamo es un ejemplo. Es un proveedor de Internet que, aunque tiene su mercado en las principales ciudades catalanas, también está presente en los pueblos cercanos a ellas. Sus ofertas llegan a ofrecer hasta 1000Mb y tienen un coste económico (60€ por el triple-play: teléfono, móvil y fibra), aunque con permanencia obligada de un año y la necesidad de estar en una zona cableada.

El Ayuntamiento de Torrefarrera (Lleida) hace público el despliegue de la red de Adamo:

El Ayuntamiento de Torrefarrera (Lleida) hace público el despliegue de la red de Adamo: “Internet estará siempre disponible, menos los domingos por la mañana. Aquí NADIE se salta la misa. Se va a seguir apostando por la pederastia tradicional”.

La fibra óptica no es la única buena opción: ciertos operadores también empiezan a ofrecer cobertura 3G/4G a partir de su propia red. Otros operadores rurales son Eurona (4G en Andalucía, Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana), Embou (fibra en Aragón), Axartel (fibra en Málaga), y CableMurcia. Puedes consultar un listado más extenso de operadores locales en la AOTEC.

En definitiva, si eres uno de aquellos que se compró una casa en un pueblo en plena burbuja inmobiliaria y deseas tener conexión a Internet: ¡felicidades! Hay una compañía cerca de ti dedicada a cobrarte lo justo por ser gilipollas.

Servicios Sociales deja sin Netflix a un joven de 35 años

Alrededor de las 22h40 de la noche del pasado jueves, el joven asturiano J.M. (no ha querido revelar su identidad ni la de la familia gitana con la que comparte la cuenta) descubrió que no podía acceder al servicio online de Netflix. “No me dejaba, decía que no podía entrar”, relata.

Este joven vive en casa de sus padres y suele obtener ingresos a través de trabajos temporales relacionados con su carrera de arqueología: “Normalmente atiendo a los eventos más tradicionales del sector, como el desentierro de Ana Obregón para el posado de verano o también la recuperación de la gracia de Bertín Osborne”.

Sin embargo, no consigue reunir el suficiente dinero como para contratar el videoclub online de series y películas de origen norteamericano Netflix, lo que le llevó a reclamar una ayuda al Estado. “Tuve que ir a Seguridad Social y pedir algo para poder seguir con mi visionado obligatorio de Black Mirror. Dicen que la tercera temporada está muy bien y no podía quedarme a medias, obviamente”, cuenta el joven arqueólogo.

El problema llegó cuando la cuenta en la que se depositaban las ayudas de Servicios Sociales se quedó a cero. “No entiendo cómo pueden deshacerse de mí tan fácilmente”, denuncia J.M., que ya se ha quejado de la situación y se ha puesto en contacto con Netflix vía Twitter para enviarle un GIF de Joey de “Friends” enfadado [1].

Cree que ahora más que nunca necesitará apoyo económico para superar estos próximos meses de invierno, en los que hay poca actividad en su sector laboral. “Pronto va a llegar HBO España y habrá que seguir con Lucifer y Juego de Tronos cuando me dé de baja del paquete Total del Movistar+”.

J.M. acaba lanzando un mensaje al sector audiovisual: “No puede ser que por ver una serie tenga que pagar algo y que por ver otra tenga que abonarme aparte”. Pide una “oferta conjunta, asequible y que tenga todo el catálogo de todas las productoras”, propone el asturiano antes de comentar la subida de la luz para mostrar su descontento con los monopolios.