Keynes VS Hayek. El debate final.

– Bienvenidos, queridos telespectadores, al debate económico definitivo de todo los tiempos: Hayek contra Keynes. A continuación, estos dos grandes economistas van a debatir sobre la forma ideal en que deberían funcionar los mercados. Adelante, ya pueden empezar.

– No vamos a discutir.

– Ehh… Perdona, ¿qué?

– Que no vamos a debatir nada, señor, si no le importa.

– Pero… ¿cómo no? Íbamos a hablar sobre la economía y vuestros puntos de vista.

– No, hemos decidido apartar nuestras diferencias ideológicas y respetar mútuamente nuestras ideas.

– Y entonces, ¿para qué habéis aceptado venir aquí?

– Para anunciar delante de todos los telespectadores que el próximo 6 de abril tendrá lugar nuestra boda en el cementerio de Highgate.

– ¡¿Os vais a casar?!

– Oh, qué vergüenza. Nos casamos en un cementerio y lo que te sorprende es la unión homosexual entre dos hombres.

– Qué estancado está…

– No, no es por eso, es porque… A ver, ¿cómo que un cementerio?

– Hay que tener en cuenta que todos nuestros familiares están muertos, así que lo hacemos por temas logísticos.

– Ah, ya, claro. ¿Y cómo os enamorasteis, siendo tan diferentes?

– Fue amor a primera vista. Primero nos hacíamos guiños por la calle, luego empezamos a enviarnos teoremas económicos, y al final…

– Total, que nos apasionaba nuestro trabajo y nos veíamos fascinados por los mismos temas.

– Pues por eso mismo me pregunto yo: ¿y por qué no discutís, si tanto os gusta la economía?

– Creemos que ya no es necesario, es inútil. Además, siempre acabamos igual: follando.

– Entiendo.

– Queremos alejarnos de todo conflicto e irnos a vivir a un lugar recóndito.

– Estamos buscando casitas en el Pirineo.

– Sí, de hecho, ya hemos ahorrado lo suficiente para cogernos una de al menos noventa metros cuadrados.

– Ahá, muy bien.

– Estamos muy ilusionados con el cambio.

– ¿Y cómo vais a ganaros la vida, entonces?

– Pues como lo que se lleva ahora es aprender cosas inútiles en Internet, se nos ocurrió hacer un blog donde publicamos artículos tipo “5 cosas malas que la economía capitalista permite y que no conocías”. Los publicamos en Twitter y se hacen virales.

– Si eso os da una mínima renta…

– Por supuesto que sí. Eso y los vídeos en que Hayek comenta la economía de distintos países a ritmo de reggeaton.

– Ya veo.

– Estamos muy encantados, viajaremos a las montañas y pasaremos un buen retiro ahí.

– Y con mi madre, todavía estaremos muy a gusto.

– ¿Con tu madre?

– Claro, ¿por qué no?

– A tu madre no quiero ni verla.

– ¿Por qué? Es mi madre, Hayek, tiene derecho a estar con nosotros.

– Ni de coña, esa mujer no hace nada más que controlar todo lo que hacemos.

– ¿Y qué pasa, es que no puede ayudarnos en algunas cosas?

– No, ya nos podemos espabilar solos.

– ¿Eso crees?

– Sí… ¿Es que insinúas algo?

– Yo no tengo nada en contra de ti, es la taza del váter la que se quejaría si pudiera hablar.

– ¿De qué me estás hablando?

– ¡Que tienes que mear sentado, Hayek! ¡Siempre que meas de pie, salpicas!

– ¿Yo salpico?

– ¡Pues claro!

– Qué trola… Yo ya sé dónde meo, tranquilo.

– ¡Y una mierda! ¡He tenido que llamar a mi madre a irse a vivir con nosotros para que al menos aprendas buenos modales!

– ¿Quién es tu madre para darme lecciones? No hace falta que venga nadie, ya sé lo que tengo que aprender y lo que no.

– Si supieras lo que tienes que aprender, los arroces te saldrían mejor.

– ¡Oh, venga, no saques el tema ahora!

– Sí, sí, cada vez que haces una cazuela de arroz acabamos comiendo los mismos rollitos de primavera en el chino de enfrente.

– ¡No me sale bien, son pequeños fallos!

– Creo que nuestro váter come mejor que nosotros…

– ¡Ah, muy bonito, gracias! ¡A ver si quién va a cocinar a partir de ahora vas a ser tú!

– No, yo no, va a ser mi madre. Ya verás, seguro que lo hace mejor que tú.

– ¡Y dale con tu madre! Si tanto te gusta, ¿por qué no te casas con ella?

– ¿Y tú? Si tan autónomo eres, ¿por qué no haces las cosas bien?

– ¡Necesito más experiencia, no soy perfecto!

– ¿Pero no te sabías controlar a ti mismo?

– ¿Y crees que tu madre va a conseguirlo? Anda ya…

– En fin, amigos, esto es todo por hoy. Ya saben que el debate nunca acaba.

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