Operadores rurales: ¿es rentable poner Internet en Cuenca?

Hace casi dos décadas, las personas podían tener reflexiones y pensamientos polémicos y desagradables que no expresaban ante sus conocidos y preferían dejarlos en su intimidad. Entonces apareció Internet, como el nuevo medio de comunicación global que cambiaría nuestras vidas: ahora serían más tristes que antes.

Sin embargo, este invento satánico usado para fines diabólicos como ver porno, atentados de ISIS y vídeos de Chiquito de la Calzada en los 90 se limitó a los núcleos urbanos, lo que dejó a millones de personas del ámbito rural desamparadas de él.

Poco a poco aparecieron iniciativas empresariales que apostarían por ampliar la cobertura de Internet a los pueblos, para que así la gente del medio rural pudiera disfrutar también de este intercambio de conocimientos que diera respuesta a preguntas universales como: ¿zíme tiro auna burra, zepué quedá embarazá?

Así pues, vamos a analizar y seguir la apasionante historia de los operadores de Internet en zonas rurales.

Opciones alternativas con fallos tradicionales

¿Te acuerdas de Terra? PUES SIGUE AHÍ DESPUÉS DE LA BURBUJA DE INTERNET. MÍRALO. PD: EN EL CHAT SOLO QUEDAN DROGADICTOS Y PEDÓFILOS, EN SERIO.

¿Te acuerdas de Terra? PUES SIGUE AHÍ DESPUÉS DE LA BURBUJA DE INTERNET. MÍRALO. FEEL OLD YET?

Tener Internet era un lujo innecesario en los años 90: la tarifa ADSL de 2Mbps de Telefónica costaba alrededor de 180€, lo que ahora gastas en Movistar Fusión que incluye el teléfono, el móvil, el Internet, la televisión, el antivirus, la alarma del hogar, una batamanta, un hilo musical, y un rótulo que cada día da una frase motivadora.

Y si ya era bastante caro y lento el Internet en la ciudad, en los pueblos la gente prefería consultar su bandeja de SPAM por el telégrafo. Había que democratizar el Internet, ¿pero cómo? Montar un falso golpe de Estado para iniciar una verdadera democracia ya estaba muy visto, era hora de buscar soluciones alternativas.

Ondas, ondas, dubidú, si no las coges, ¡allá tú!

En 2004, nació el estándar de comunicaciones inalámbricas WiMAX. Esta tecnología consistía en que, a partir de una estación base que recibiera la transmisión de datos por cable, ésta emitiera las señales por aire a través de ondas electromagnéticas. Estas señales podían ser recogidas mediante un receptor exterior, conectado a un router que provee el acceso a Internet a cualquier dispositivo conectado a él.

No hay que llamar a José para que pase cable ni hay que poner placas en las aceras para tapar las infraestructuras bajo tierra: es útil y eficiente en términos económicos. Sin embargo, la velocidad deja mucho que desear: puedes disfrutar hasta 6Mbps. Algunos se conformaron y otros prefirieron que les enviaran el vídeo de la ardilla dramática en VHS.

Actualmente hay diversos operadores regionales o locales que ofrecen este tipo de conexión. De hecho, hay más de 60.000 puntos de conexión WiMAX por todo el territorio nacional, y en realidad nadie los ha pirateado todavía por miedo a que salte el clip del Word y te detenga ahí mismo.

Sin embargo, las interferencias y la distancia influyen en la buena recepción de la emisión de las estaciones base WiMAX, así que se buscó una solución más eficaz. A inicios de los 90, la época de oro del satélite, compañías como Teledesic de Microsoft llevaban el proyecto ambicioso de crear una red de satélites alrededor de la Tierra que distribuyeran conexión a Internet con más velocidad y menos coste.

Como todo en Microsoft, el proyecto fracasó más que un curso de feminismo impartido por Forocoches, así que esa utopía no volvió a ser una opción realista hasta principios de 2003, con el lanzamiento del primer satélite que ofrecía Internet a nivel minorista por parte de Eutelsat.

A partir de entonces, varios operadores y distribuidores han surgido para ofrecer acceso a Internet por satélite, aunque las tarifas son excesivas: desde 30 a 40 euros para conseguir unos míseros 10Mbps. Además, la instalación es cara y suelen haber retrasos en la conexión. Muchos clientes al final se rinden y se conectan al típico WiFi abierto de cualquier nave extraterrestre.

En estos momentos no le queremos atender. Por favor, jódase unos momentos.

Actualmente, aquellas familias o parejas más jóvenes de los núcleos rurales tratan de sobrevivir con los datos de la tarifa 3G o 4G de su móvil, aunque no siempre la cobertura alcance sus zonas residenciales. Pero éstos ya están observando la llegada de una nueva tecnología que facilitará su día a día.

El fuego.

Es broma: ya tienen el fuego, ahora les faltan brujas para quemar en las hogueras. Me refiero a la fibra óptica, los nuevos cables de vidrio y plástico que permiten transportar un mayor ancho de banda y con más resistencia, lo que significa más calidad y velocidad, que se ha ido implementado en España desde 2008.

La penetración de esta tecnología (FTTH: Fiber To The Home –en español Fibra Pá Mi Chabola) se encuentra actualmente desarrollada en nuestro país a medias: abarca un 52% del territorio español. Es decir, ahora mismo tienes las mismas probabilidades de tener fibra en tu zona que que no tengas. Telefónica se puso como objetivo aumentar la cobertura hasta el 97% en 2020. ¿Lo conseguirá? Responde César Alierta:

La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) obligaba el año pasado al operador azul a compartir su red de fibra óptica con los demás operadores en ciertos sitios, lo que puede frenar el despliegue planeado. ¿Para qué gastar dinero propio cuando después los otros me robarán el negocio? Eso deberíamos habernos preguntado antes de gastar dinero público en Telefónica.

Y si se diera el caso que Telefónica llega a desplegar fibra en pueblos, Orange y Vodafone no tendrían intención de acercar la fibra a los pueblos, siendo ya un proceso largo la rentabilidad de sus correspondientes redes en las grandes capitales españolas.

Telefónica, sin embargo, sí ofrece Internet en algunas demarcaciones mediante acuerdos con ayuntamientos o la presencia de una zona industrial cercana. Allí donde aún no ha llegado, los pueblos se sienten como Lepe: temen que haya gente riéndose de ellos ahora mismo en Internet.

El único niño del pueblo con el que juntarte

El oligopolio de las telecomunicaciones no ve que sea muy rentable eso de llevar la fibra óptica en este tipo de lugares, así que han surgido otros operadores cuyo fin es aprovechar este problema y dedicarse a proveerla a este target olvidado.

Su lema: Conexión por nodos, porno para todos.

Existe el curioso caso de Guifi.net, una red de telecomunicaciones formada por usuarios de forma libre y sin ánimo de lucro. Entre otras de sus aplicaciones, los participantes pueden compartir su conexión a Internet con otros, que deben instalar un repetidor o antena previamente y pagar (si se acuerda así) a medias la cuota.

De momento, este proyecto colaborativo al que puede sumarse todo aquel que quiera mediante donaciones económicas o materiales (aportando medios para extender la red) ya sobrepasa los 30.000 nodos activos, distribuidos por Cataluña, la Comunidad Valenciana y los IBM con Windows 2000 del País Vasco y Galicia.

Su fundador, Ramón Roca, niega que la fibra óptica no sea rentable en los núcleos de población rurales, ya que según dice en El Confidencial: “persuadir al pueblo entero para que sufrague la infraestructura abarata los costes [de la conexión]”. A ver, es verdad, pero tiene sus “peros”.

Hay que tener en cuenta que España es uno de los países más envejecidos del mundo, y eso se nota en los pueblos, donde la demanda de Internet se reduce a una minoría joven con la que los operadores regionales amortizarán sus costosas inversiones en fibra óptica probablemente a largo plazo.

Obviamente, los más viejos no querrán pagar por algo que no usarán ni entenderán nunca, a excepción de la enciclopedia del mundo animal, el nuevo contador de gas, la tarifa de luz con la que pagas menos, la máquina de masajes que te vuelve joven en una semana, y la secta de los testigos de Jehová que les vendió un hombre muy majo en la puerta de sus casas.

Sin embargo, el riesgo económico que supone instalar esta tecnología es un repelente para todos los operadores. Y esto es un punto a favor de estos operadores rurales: el monopolio de las zonas rurales, así que sus clientes no tienen más opción que quedarse con ellos o perderse el meme de la mujer calculando.

Adamo es un ejemplo. Es un proveedor de Internet que, aunque tiene su mercado en las principales ciudades catalanas, también está presente en los pueblos cercanos a ellas. Sus ofertas llegan a ofrecer hasta 1000Mb y tienen un coste económico (60€ por el triple-play: teléfono, móvil y fibra), aunque con permanencia obligada de un año y la necesidad de estar en una zona cableada.

El Ayuntamiento de Torrefarrera (Lleida) hace público el despliegue de la red de Adamo:

El Ayuntamiento de Torrefarrera (Lleida) hace público el despliegue de la red de Adamo: “Internet estará siempre disponible, menos los domingos por la mañana. Aquí NADIE se salta la misa. Se va a seguir apostando por la pederastia tradicional”.

La fibra óptica no es la única buena opción: ciertos operadores también empiezan a ofrecer cobertura 3G/4G a partir de su propia red. Otros operadores rurales son Eurona (4G en Andalucía, Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana), Embou (fibra en Aragón), Axartel (fibra en Málaga), y CableMurcia. Puedes consultar un listado más extenso de operadores locales en la AOTEC.

En definitiva, si eres uno de aquellos que se compró una casa en un pueblo en plena burbuja inmobiliaria y deseas tener conexión a Internet: ¡felicidades! Hay una compañía cerca de ti dedicada a cobrarte lo justo por ser gilipollas.

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