El fantasma de la sanidad pública estadounidense

Estados Unidos es el país perfecto para los emprendedores y personas que estén dispuestas a sacrificarse y así obtener riqueza y éxito a largo plazo como recompensa por su duro trabajo.

A no ser que tiendas a coger enfermedad. Entonces quédate donde estás.

En Europa siempre hemos alabado a Estados Unidos como la mayor potencia económica en el mundo por vender cosas fabricadas en China y envueltas en una caja hecha en su país, pero por otro lado también le hemos temido por ciertos aspectos, como el racismo, el derecho a poseer un arma, o la sanidad.

A continuación, haré un repaso al sistema sanitario estadounidense, lo que no me exenta de hacer broma con el tema. Porque, vamos a ver, arriba en la cabecera de este blog pone “Humor independiente y variado”. Si no sabes leer pero te gusta informarte sobre el tema, te reconozco el mérito y el esfuerzo que haces, pero no te quejes del ocasional humor negro que uso por estos lares.

Sanidad pública… para algunos

Al contrario de lo que piensa cualquier persona que no ha ido en su puñetera vida a EEUU pero ha recopilado información fiable e imparcial de sitios como los muros de Facebook de tus familiares, Estados Unidos sí tiene sanidad pública. Otra cosa es que sea universal.

El gobierno estadounidense financia dos programas de sanidad pública en todos sus estados: Medicaid y Medicare. El primero está dirigido a familias, mujeres embarazadas y discapacitados con pocos recursos, y el segundo cubre a las personas mayores que han cotizado durante su vida laboral y jóvenes discapacitados.

Cada estado determina tu admisión en cada programa según la categoría de persona en la que entres, tu renta anual y otros factores, unos criterios tan ajustados que por suerte no tenemos en España, ya que Cuatro rápidamente haría un reality sobre el proceso de selección llamado “¿Quién quiere no morir de cáncer?”.

Todos aquellos que no sean admitidos tienen otra oportunidad si trabajan en una gran empresa, ya que las compañías de mayor tamaño y volumen de negocio suelen pagar el seguro médico a sus empleados. A veces, hasta el seguro dental.

– Cariño, me han contagiado sífilis.

– Ay, Dios, ¿y cómo vamos a pagarlo?

– Tranquila, siendo de Amazon el envío me sale gratis.

Coger una enfermedad mientras trabajas en Amazon in a nutshell

– Espera… ¿Cómo te han pegado el sífilis, pedazo hijo de…?

El problema viene cuando eres autónomo o trabajas para empresas modestas. Un ciudadano corriente viviendo en los EEUU se gasta de media algo más de 8500 euros al año, gracias al “país de las libertades para endeudarte cuando quieras“, según El Confidencial.

En los casos más graves en que ni el seguro llega a cubrir el tratamiento, las familias recurren a créditos bancarios, creando deudas demasiado grandes que pueden desestabilizar por completo la economía doméstica de un hogar. El siguiente gráfico resume la situación de deuda sanitaria en el país.

“1 de cada 5 familias tendrán problemas para pagar la deuda médica” en 2015, según este gráfico de NPAF en 2014, que cuenta otras dolorosas verdades como que casi el 70% de ciudadanos que se presentaron en bancarrota culparon a los gastos sanitarios, o que el seguro se come gran parte (por no decir casi el 43%) de los ingresos anuales de media una familia.

Es curioso mencionar que NPAF, creadora del gráfico, es la Fundación Nacional Defensora del Paciente, que se dedica a trabajar en la política para dar apoyo a reformas que permitan acceder a la sanidad pública a un mayor número de personas.

Incluso, para acabar de alucinar con la situación allí, he encontrado este gráfico en una publicación del blog de SimpleTherapy, una web que, a cambio 15 dólares mensuales, muestra al subscriptor vídeos personalizados para aliviar los dolores que sufre. Es una web dirigida a gente que por dificultades económicas (no tiene seguro) o laborales (no tiene tiempo), no puede ir a una clínica para tratar el dolor.

Es por eso que en Estados Unidos es tradición pedir un deseo cada vez que ves un vagabundo del metro de Nueva York diciendo: “Bueno, al menos tengo salud”.

Estadísticas para ver cómo está el panorama

Durante la primera década del 2000, los Estados Unidos no han cambiado respecto a la cantidad de “sinseguro” (los llamados uninsured), personas que no disponen de seguro médico, bien porque no quieren o (más bien) porque no pueden. Entre un 16 y un 18% de la población no tenía uno desde el 2000 al 2013.

Hay que tener en cuenta también que no es un problema que solo afecte a ciertos segmentos demográficos: la misma fundación que proporciona los datos anteriores (Kaiser Family Foundation) informa de que los blancos representan un 45% de los no asegurados, mientras que la gente de raza hispana y negra forman el 34% y el 14%, respectivamente.

Y os pensábais que los que no tenían seguro en EEUU eran solo inmigrantes ilegales… Despertad de una vez: #WhiteLivesAlsoMatter. A fin de cuentas, son 32 millones de personas las que no tenían seguro médico en 2014 en Estados Unidos.

Más de la mitad de la población obtiene cobertura gracias al seguro médico que le proporciona la empresa en que trabaja, y un 22% la consiguen con los programas públicos de Medicaid y Medicare. Este último, dirigido a las personas mayores, representa una infravalorada parte (3%) en el gráfico de The Commonwealth Fund por la participación de menores de 65 años en los estudios de los que se extraen los datos.

Para colmo, la potencia está viviendo unos años en que la clase media va reduciéndose poco a poco. Se ha demostrado que, a excepción de los que cuentan con una formación muy básica, es más probable que una persona que deje de formar parte de la clase media estadounidense se integre en un grupo social superior.

Pero a la vez las desigualdades son más radicales: entre 1983 y 2013, los ricos vieron cómo su riqueza subía un 2%, al mismo tiempo que los pobres descendían en un 18%, según la CNN. Calmaos, cuando Donald Trump sea presidente eliminará la pobreza. Expulsar mexicanos al final va a resultar útil.

El antes y el después del Obamacare

Con la aprobación de la ACA (Affordable Care Act, o como lo llaman en El Confidencial, el “Acta de Cuidado Asequible”), Obama inició en 2010 un proceso político que empezaría a coger forma en 2014 cuyo objetivo es impulsar la cobertura médica de forma intencionadamente universal.

Para ello, el gobierno quiere obligar a todo el mundo a tener seguro médico. Si no lo puedes pagar, éste mismo ya aportaría los fondos suficientes para hacer frente a los costes. Otras metas son regular más al sector sanitario, ya sea pidiendo explicaciones a aseguradoras por las continuas subidas de precio, o aumentar los requisitos mínimos que deben cumplir los seguros médicos de empresas.

La intención del gobierno de Obama sería presionar lo suficiente a las compañías para que ofrezcan mejores productos a los ciudadanos, poniéndose controlador y celoso por WhatsApp y con razón: “Hola cari. ¿Qué haces? ¿Subiendo precios otra vez?”.

Desde el planteamiento de la iniciativa, gran parte del sector republicano (los de derechas, para los que no sepan cómo funciona la política allí) se opone a esta reforma demócrata, argumentando su posición con la excesiva presión gubernamental sobre el sector sanitario, además del aumento del coste de los seguros y del déficit estatal.

Observando las diversas encuestas realizadas para conocer la opinión pública sobre este cambio, siempre ha habido más descontentos con el nuevo programa que personas a favor. Nada que ver con la actitud individualista con la que tanto prejuzgamos a los ciudadanos norteamericanos.

Es un problema histórico, como afirma el profesor de Sociología en la Universidad de Princeton en su libro “Remedy and Reaction”: la sanidad pública surgió como un programa de cobertura médica para familias de militares en los años 60, como indican en este artículo de El Mundo, algo que se amplió para toda persona mayor de 65 que hubiera cotizado en la Seguridad Social.

Los mayores que ahora forman parte de Medicare, junto a los que disponen de seguro privado por su cuenta, no están de acuerdo con la propuesta de Obama, ya que interpretan su capacidad económica para disponer de seguro propio como señal del mérito conseguido al esforzarse en la vida. El sueño americano da esperanza y éxito, pero mira, ahora mismo, no tiene nada en los bolsillos…

Sin embargo, el Obamacare ha conseguido que entre 9 y 10 millones de personas más también puedan disfrutar de seguro médico financiado por el gobierno, y que a consecuencia de ello, la tasa de personas “sinseguro” haya caído de un 16% en 2010 a un 9% en 2016, según datos de este año.

¿Qué pasará ahora con el/la nuevo/a presidente/a? Ni idea, pero si se diera el caso que Hillary Clinton llega al gobierno, lo primero que va a hacer va a ser… cogerse un seguro ella misma para su neumonía.

El precio justo

¡Bienvenidos a “El precio justo”! Hoy nos acompañan John y Álvaro. Veamos cuánto saben de precios de sanidad y todo ese rollo… ¡Empecemos!

 

 

 

 

 

 

 

Decidme cuánto cuesta un día en el hospital.

– 5.220 -contestó John.

– 424 -contestó Álvaro.

¡Correcto! ¿Y dar a luz a un bebé?

– 10.808 -contestó John.

– 1.950 -contestó Álvaro.

¡Exacto! Maldita sea, no sé por qué convencí a mi novia de abortar, si sale más barato un parto… Y por último, ¿un bypass?

– Eh… Creo que… 78.318 -contestó John.

– Pues yo digo… 14.579 -contestó Álvaro.

¡Impresionante! ¡Habéis acertado todas! John, consigues una semana en un hospital para ti y tu pareja, con pensión completa. Y tú, Álvaro, te has ganado un triple bypass.

– Eh, creo que no lo necesito.

Tranquilo, podrás canjearlo por cualquier operación médica valorada al mismo precio.

– Oh, vaya, gracias.

Relación calidad-precio: descompensada

Los estadounidenses son, por otro lado, líderes en gasto sanitario, ya que está igualado al 18% del PIB del país, sumando las inversiones tanto por parte del sector público como del privado. De hecho, en este gráfico de Kaiser Family podemos observar el contraste entre EEUU respecto a otros países en tema de inversión sanitaria, dividida aquí por el número de habitantes en cada uno de ellos.

El gasto en este ámbito ha crecido muchísimo desde mediados del siglo pasado. El Huffington Post aquí nos enseña cómo el crecimiento del PIB y de los salarios desde los años 60 es cosa de niños, cuando el gasto en sanidad crece a un ritmo similar al de videoclips de reggaeton en Youtube: rápido, pero espeluznante.

Las empresas pueden ofrecer cobertura médica solo para su empleado (single coverage) o también para su familia (family coverage), pagando la mayor parte del precio al empleado, quien asume una reducida porción del precio total. Ante el aumento de precio de ambos, ha habido un descenso en la cantidad de compañías que los ofrecen (70% en 1980, un 53% en 2010) y reducción de plantilla en los casos más duros para afrontar con los costes.

En este gráfico de Kaiser Family vemos la evolución del precio de los seguros de empresa para empleados y sus familias a lo largo de esta última década.

Dando todavía más miedo, esta pequeña animación ha calculado cuánto costarían algunos productos alimentarios de primera necesidad si el precio de estos se hubiera aumentado al mismo nivel que los de los seguros. Si el mundo fuera así, al comprar un móvil nos obligaríamos a hacer el Ramadán durante dos meses.

Homer después de comprarse un iPhone en ese hipotético mundo.

Los hospitales y el personal médico representan más de la mitad del gasto sanitario público en Estados Unidos, mientras que, como indican desde Aetna, los medicamentos ocupan solo el 10%. En comparación con España (2012), en nuestro país se dobla el porcentaje de la inversión en centros hospitalarios, mientras que el gasto farmacéutico aumenta un poco respecto a los norteamericanos.

Es decir, que los médicos son la segunda partida a la que se destina más dinero, pese a que el número de ellos por cada 1000 habitantes sea menor que la media de la OCDE, y no tengan mucho trabajo: un estadounidense va al médico sólo cuatro veces al año, según The Commonwealth Fund. Esto se debe a su saludable estilo de vida.

Ironía. De cada dólar gastado en sanidad, 75 centavos son invertidos para enfermedades crónicas, las cuales son las más difíciles y -por tanto- más caras de tratar. Las enfermedades del corazón son a las que se dedican más dinero desde las arcas del Estado (90 billones por año), incluso más que al cáncer (71 billones), como muestra SmartCCM, que se dedica especialmente a este tipo de enfermedades.

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Volviendo a los datos de Kaiser Family Foundation, en este artículo recopilan todo tipo de gráficos sobre estas enfermedades en EEUU. Después de aquellas de origen desconocido, las cardiovasculares representan la segunda partida que recibe más dinero en el sector (el gráfico de arriba: 241 billones de dólares).

Las visitas al hospital por insuficiencia cardíaca son muy frecuentes en EEUU (aunque Alemania es la primera en el ranking), y las enfermedades del corazón lideran como la primera causa de muerte, superando por un poco más al cáncer. Supongo que esta situación llegará a tal punto que la comida rápida se venderá así:

md_ukpackaging_bigmac

Desde los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades del gobierno estadounidense lo dejan aún más claro: 1 de cada 4 muertes en el país ha sido provocada por problemas con el corazón, que son 610.000 muertes anuales.

Además, los Estados Unidos demuestran que la esperanza de vida no está necesariamente ligada a la inversión en sanidad: en Europa los países gastan menos en la sanidad pública y aún así sus ciudadanos probablemente vivirán más años, según nos confirma el mismo artículo mencionado del Huffington Post.

¿Y a qué viene tanto gasto?

“No hay ninguna necesidad de arreglar nada, ¡está perfectamente bien! Dale una o dos pastillas y punto”, dicen las aseguradoras a las farmacéuticas, hablando del sistema sanitario estadounidense.

El ciudadano estadounidense medio va al médico tan frecuentemente como un andorrano se pasa un día sin fumar: 4 veces al año, lo que hace que el importe mensual del seguro parezca excesivo. El sistema sanitario gasta en mayor proporción que el resto de países y, en cambio, las muertes son más tempranas.

¿Cuál es el porqué de todo eso? Para ello, además del zapping de estudios y encuestas que he realizado, ahora habrá que hacer uno sobre las respuestas que dan los expertos en diferentes medios de comunicación ante tal pregunta.

En el artículo de El Confidencial que ya mencioné en las primeras líneas de esta entrada, la directora del Programa de Sanidad en la Universidad de Virginia, Carolyn Engelhard, aporta dos razones esenciales.

Primero, la existencia de un sector sanitario más liberal económicamente. A diferencia de Europa, donde los estados controlan gran parte del mercado, la sanidad estadounidense está participada por empresas privadas en su mayoría.

“La primera es que las cosas valen más. Alemania o Francia, por ejemplo, establecen cuotas, un esquema de precios para los procedimientos médicos y las medicinas. En Estados Unidos tenemos las fuerzas de mercado, las aseguradoras, los hospitales… Y los precios son más altos. Es una ironía. Todos creemos que, si hay un mercado, los precios bajarán, pero eso no ocurre en la sanidad”.

En Magnet añaden ciertas distinciones que hay en el sector privado español respecto al estadounidense en el sector sanitario. Para ello, entrevistan a Javier Padilla, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, que cuenta lo siguiente.

“Lo primero, apenas hay tensiones inflacionistas en la sanidad privada porque está fuertemente regulada”, dice Padilla. “Y lo segundo, está fuertemente subsidiada por la sanidad pública, siendo en un importante porcentaje de sus ingresos la sanidad pública su cliente principal por la vía de los conciertos o del aseguramiento privado de funcionarios públicos”.

Desde The Atlantic, también intentando adivinar algunos de los motivos que han llevado a este sistema sanitario ser tan costoso, intentan explicarlo desde el punto de vista opuesto: cómo es que los países europeos gastan menos en sanidad.

Si le damos la vuelta a la pregunta y nos preguntamos por qué la sanidad cuesta menos en otros países con altas rentas, la respuesta casi siempre apunta al rol más duro y extendido que adopta el gobierno. Los gobiernos suelen eliminar bastante los altos costes administrativos de las aseguradoras, obtienen precios más bajos por los factores de producción [medicamentos y personal sanitario], e influencian el servicio resultante, colocando grandes provisiones en cuanto a camas de hospital y médicos de cabecera, mientras mantiene un control rígido sobre el número de médicos especializados y tecnología costosa.

En segundo lugar, la atención médica al paciente es mejor. Por supuesto que te dejas la mitad de tu nómina en el seguro, pero son capaces de darte un masaje mientras escuchas los silbidos de los solitarios Olomaos a la vez que te tomas una buena horchata de Valencia.

“La segunda razón es que tenemos un sistema sanitario más intenso”, continúa Engelhard. “Hay menos camas de hospital, pero una vez entras, te hacemos más cosas. Más escáneres, más procedimientos…”.

Cierto. La tecnología médica está más avanzada, ya que son uno de los países que más máquinas de resonancia magnética dispone junto a Japón, y también en prescripciones médicas, siendo también líderes en consumir medicamentos, tal como estos dos otros gráficos de The Commonwealth Fund demuestran (haz clic para verlos en grande).

Punto a favor de ellos ante la sanidad privada española. Aquí el sector privado ocupa un peso menos importante y más minoritario en nuestra sociedad, así que no se complica tanto y deja lo más complejo para la sanidad pública, según Padilla. En EEUU, la privada atiende a un mayor número de clientes con distintas necesidades.

“La sanidad privada española está especializada en procesos de bajo coste y baja complejidad (porque son más rentables que los de alto coste y alta complejidad, y además esos están cubiertos en la sanidad pública). El ejemplo paradigmático de esto es el amplio desarrollo de la sanidad privada en el ámbito de la obstetricia dado que los partos son frecuentes (el parto normal es el GRD -una forma de estandarizar los procesos- más corriente) y tienen un coste relativamente bajo (que no un precio, ahí ya depende de lo que factures)”.

Otro dato que añaden en Magnet para justificar el sistema norteamericano, es el (más que) respetable salario que recibe el personal sanitario de allí, en comparación con el de los profesionales españoles. Un médico recibe de media 161.000$ en EEUU, mientras que uno en España debe conformarse con 64.400€, siendo el nuestro uno de los países de la OCDE que paga menos a nuestros profesionales sanitarios.

Conclusión

En resumen, el Estado crea un sistema más eficiente y vigilado con lupa (al menos en los países europeos con más renta). Los presupuestos públicos son los que son, y a partir de ahí, tratan de repartir equitativamente a cada partida: profesionales, materiales, tecnología, infraestructuras… Aunque como siempre son muy ajustados, pues después vienen los recortes y el reducido salario del personal.

Además, tienen mucho poder para negociar con las farmacéuticas el precio de las medicinas y también tienen sus ventajas a la hora de adquirir el conjunto de material necesario para todo tipo de operaciones y tareas sanitarias, como los escáneres o las piruletas.

Esto contrasta (y mucho) con la sanidad estadounidense, en la que abunda la presencia de compañías y empresas privadas, cada una de ellas con sus particulares intereses y márgenes de beneficios. Incluso en el artículo de Magnet hacen un fact-check con esto: un estudio revelaba que los hospitales suben los precios por pura voluntad de los inversores de éstos, afectando en gran medida a los “sinseguro”.

Aprovechando la falta de regulación del tema en EEUU, cada agente del sector (aseguradoras, farmacéuticas, empresas especializadas que producen tecnología punta) impone sus precios y cada vez los precios de los seguros, las visitas y las operaciones van subiendo sin control.

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