[Traducción] Nathan Fielder y el Secreto de la Humanidad en “Nathan for You”

Esta entrevista hecha al humorista y protagonista del programa de Comedy Central “Nathan for You”, Nathan Fielder, me ha parecido muy reflexiva, tanto en la definición y finalidad exacta del fondo del programa como de la humanidad en sí.

Aquí os dejo mi traducción propia del artículo. Disfrutad.


 

Nathan Fielder sabe exactamente cómo volverse viral, y eso es una habilidad peligrosa. He visto a gente convirtiéndose viral. Se emborrachan de ello. Pierden la cabeza. Se entierran ellos mismos en sus móviles, actualizando ansiadamente cada aplicación de red social que tienen. Es un golpe inmediato de dopamina, rellenado con cada nueva notificación de Twitter: pero es muy rápido. No es como volverse famoso, un proceso lento con más recompensas satisfactorias, tu nombre iluminado. Si volverse famoso es como preparar un buñuelo, volverse viral es como devorar una caja de esos bollos de miel a los que la gente en prisión se vuelve adicta.

Tres temporadas en su programa de Comedy Central, Nathan for You, Fielder se ha vuelto tan viral como tú podrías hacerlo, y él lo ha hecho dos veces. La primera vez, para promocionar un zoo interactivo, contrató un equipo profesional para construir un adorable vídeo “amateur” de un cerdo rescatando una cabra en un estanque poco profundo. Tuvo millones de visitas. Fue reproducido en NBC Nightly News y Good Morning America, sin preguntas serias sobre su veracidad. Demostró la verdad sobre cualquier cosa mona o espontánea que hayas visto en Internet: no te lo tomes al pie de la letra.

 

Entonces apareció Dumb Starbucks, una “parodia” que él abrió en Los Feliz para el único fin de beneficiarse a costa de la marca de Starbucks y contar con la protección de la ley de parodia. Fue un inmediato éxito fuera de control. La gente pensó que era una obra de arte. Puede que fuera Banksy. Multitud de blogueros y equipos con cámaras excepto el demandado Fielder sostienen una rueda de prensa reclamando los créditos.

Pero Fielder no está para desmantelar el comercio americano post-redes-sociales. Flacucho, con un tono intencional y una voz baja, el Fielder de 32 años podría pasar fácilmente por alguien que está a punto de decir “post-estructuralismo” y “interferencia cultural” en la misma frase, pero no es un saboteador de oficio. Es un humorista de Vancouver. Puede que tenga un aspecto fantasmal, como si acaba de dar a a alguien una noticia terrible, y su humor puede que sea un humor seco (irónico) de huesos-descolorándose-en-el-desierto, pero sigue siendo un humorista. Y no está interesado en los saltos baratos a la fama que da lo viral.

 

“No me gusta repetir cosas”, dice Fielder en una entrevista telefónica antes de que el final de la tercera temporada del programa se emita esta noche en Comedy Central. “Después de hacer [el rescate de la cabra], cuando nos sentamos en la sala de guionistas en la segunda temporada, dije: ‘No intentemos pensar en algo que vaya a ser viral. Ya lo hemos hecho’. Pero Dumb Starbucks vino naturalmente, y no esperábamos que se volviera viral. Pensamos que sería una historia local de comida. Entonces resultó ser [enorme], que era perfecto, y condujo a un episodio muy bueno. Pero la percepción de mucha gente es como: ‘Oh, eso es lo que hace el programa’, y no creo que seamos lo mejor en eso. E incluso solo me gusta meter las noticias cuando la historia se percibe muy natural”.

Aunque estas estrategias puedan ser muy populares, no son la razón por la cual Nathan for You es uno de los programas más divertidos (o, en todo caso, uno de los únicos programas que me pueden hacer reír cuando nadie más está en la sala). Lo que hace que el programa funcione de episodio en episodio es algo más reflexivo, y más impreciso.

Lo describiría así: Nathan for You es uno de esos programas que ayudan a pequeños negocios, como The Profit o Bar Rescue, pero con un presentador absurdo que exagera las tendencias amorales del comercio americano hacia lo grotesco. Él empujará a la gente a los límites amargos de la legalidad en busca de la publicidad y beneficio, como cuando aconsejó a una tienda de licores a “vender licor a los menores”, escondiendo el hecho de que el alcohol se mantiene encerrado hasta que el cliente tenga 21 años. Cuando se descubra el truco, él nunca admitirá ningún delito. Era “legal”, así que era suficientemente ético.

El personaje de Fielder reta a la gente a reaccionar por ser un presentador tan incómodo. Representa el lado moralmente triste de los negocios modernos, el lado cínico suficiente para fingir un vídeo viral adorable de la pura bravuconería capitalista, el lado que entró en el zeitgeist (espíritu de la época) cuando las redes sociales se extendieron y convirtieron a toda la gente del planeta en una marca personal latente.

“La absurdez del personal branding y el marketing es hoy en día la cosa que me ha permitido vender estas ideas absurdas a los propietarios de negocios”, dice. “Porque no son necesariamente malas ideas, pero hay tanto énfasis puesto en llamar la atención y el branding, que algunas cosas que me harían salir riendo de la sala hace 20 años [se han vuelto] lógicas ahora. La gente entiende, ves ese conflicto en la gente, en el que no se siente natural y no se siente correcto, instintivamente, como humano. Pero saben intelectualmente que esto es donde está la sociedad. Y ese conflicto en la gente es realmente interesante”.

Pero eso suena monótono. 9 de cada 10 veces, la premisa de un programa como tal no sería nada más que un humorista amparado burlándose cruelmente de negocios obreros, y Nathan for You no es definitivamente eso. Funciona con la empatía de alguna forma. Es difícil de explicar.

“Ese es el problema con la comedia a veces”, dice Fielder. “Está tan basado en la execución, que cuando describes el programa a la gente, es fácil pensar cómo sería terrible. Por suerte, los fans son muy francos. Un montón de gente me cuenta que fuerzan a sus amigos a ver el programa. De hecho creo que ese ha sido nuestro mejor marketing, que la gente se adentre en el programa y fuerce a sus amigos a verlo”.

La imprevisibilidad de la gente real también tiene algo que ver con su atractivo.

“Lo que siempre esperamos es que alguien lo lleve en una dirección no prevista en absoluto, y entonces tenemos que dejar todo e ir en esa dirección”, dice. “Esas son normalmente las cosas más interesantes que acaban sucediendo, cuando alguien muestra algo que nunca esperamos”.

Él cita, por ejemplo, un fragmento en el que aconsejó a una agente inmobiliaria llamarse como la “Inmobiliaria de Fantasmas”, quien podría sentir la presencia de fantasmas en una casa y deshacerse de ellos si fuera necesario. Fielder vio una oportunidad de marketing en la mitad de la población que cree en lo sobrenatural.

“Te lo imaginarías como muchos fragmentos, donde la persona puede ser un poco escéptica, y quieren hacerlo porque creen que es una buena idea o quieren ser educados”, dice. “Pero esta mujer había tenido en realidad experiencias personales con fantasmas y experiencias violentas actuales con fantasmas que no conocíamos antes de que me sentara a hablar con ella. Y a raíz de que esas cosas pasan, son tan auténticas y reales y mucho más interesantes que cualquier cosa que habríamos planeado”.

“Ella tuvo en realidad un exorcismo completo en cámara, lo que fue una increíble, emocional cosa que ella experimentó. Y lo notarás en ese fragmento, yo mucho no. Una vez que ella saca el tema, dejamos que sea sobre ella”.

Un programa de comedia que permite unos resultados así de imprevistos es gratificante de ver, pero arriesgado de hacer. El equipo de Fielder graba mucho más material del que podría usar y crea una línea narrativa a medida que avanza. Requiere colaboración intensa, mucho reescribir, mucho editar, y muchísima buena suerte. No hay una red de seguridad.

“Me siento muy afortunado de que Comedy Central nos deje hacer el programa de esta forma, porque es enormemente ineficaz y hay que jugársela mucho”, dice. “Nos meteremos en algunas situaciones donde echaremos una apuesta cuando es casi echar la moneda al aire: ‘Bueno, si esto va de esta forma, tendremos un impresionante fragmento, pero si va de esa otra forma, tendremos que desechar todo’. Y un día entero de grabación, o múltiples días, dependerán en un factor X, y hacemos eso todo el tiempo”.

La apuesta no es solo con los negocios que él aconseja. También es con él mismo. Como muestra, la rueda de prensa de Dumb Starbucks.

“Ese es probablemente el miedo más grande de todos, tener que hacer un discurso inesperadamente enfrente de las noticias de todo el mundo”, dice. “Es estresante y fascinante en partes iguales, porque vas cada día pensando: ‘Esto va a fracasar fuerte y vamos a acabar con nada, o vamos a capturar este precioso momento humano diferente de cualquier cosa que la gente haya visto antes en televisión'”.

“Eso es lo que estás buscando, no que consigamos eso en gran medida. Estamos persiguiendo el chiste o momento más impreciso, y lanzamos el chiste fácil. Vamos a por esos momentos humanos extraños que te hacen reír o te incomodan, pero no sabes ni siquiera por qué, porque en realidad no es un chiste. Son difíciles de encontrar”.

Y no pueden ser traídos a la realidad. La complicidad humana real no puede ser fingida, lo que hace que los mejores fragmentos del programa sean una especie de cambiazo.

“Parte del diseño del programa era tener estas ideas tontas que anclan las cosas y serían el gancho, pero de lo que va realmente es de los pequeños momentos”, dice. “Nadie va a ver un programa silencioso con estos momentos silenciosos tanto como si le pones una cosa viral a continuación”.

Eso no significa que el programa sea una sátira melancólica en la que sonríes y asientes en solidaridad ideológica. Sobre todo lo demás, es totalmente divertido. El estreno de la tercera temporada mostraba a Fielder haciendo que una tienda vendiera televisores por un dólar y haciendo que los clientes cruzaran una sala con un caimán vivo para cogerlos. El programa, que hoy ha sido renovado por Comedy Central para una cuarta temporada, sabe cómo conseguir risas gigantes. Y siempre puede ir en gran escala y en espectáculo cuando necesite un gancho. El final de la tercera temporada es la cosa más cara que han hecho y la cosa más escalofriante que Fielder ha hecho, requiriendo meses de entrenamiento físico. Pero los intereses de Fielder se basan en cómo interactúa la gente.

“Cuando era más joven, me costaba mucho hacer amigos cuando no había ninguna tarea que hacer”, dice. “Todos los que conocía eran de la escuela porque estábamos en la misma clase cada día y hablábamos de cosas relacionadas con la escuela. Pero en un escenario más desestructurado, lo encontré difícil formar relaciones o acercarse a alguien y decirle: ‘Ey, seamos agradables y sociales cuando no hay ninguna finalidad real’. Así que en el programa me guío mediante la tarea”.

“Pero creo que en el fondo de eso y en el fondo de por qué incluso alguien en Wall Street querría hacer millones de dólares, sabes, ¿cuál es el objetivo final para esa persona? Probablemente sea que piensan que les beneficiará de forma social y ganarán la habilidad de conectar con la gente. Todos necesitamos una conexión humana. En el programa uso la tarea como excusa para estar rodeado de gente y conectar”.

Como en el momento de la tercera temporada en el que él dirige una obra de teatro y repasa el guión con una actriz, cuando dice ella: “Te quiero”, y él hace una pausa, y le hace repetir la frase, una y otra y otra vez, haciendo que la frase se convierta de alguna manera cada vez más solitaria y enamoradiza. Él está flagrantemente usando su poder para la validez emocional. Pero ella no dice nada, y su compañero de escena tampoco, porque él es el director. Es lo mejor que el programa sabe hacer. Un pequeño momento entre las personas. El resultado de poner la gente en una situación social incómoda y ver lo que ocurre. Nathan Fielder sabe todo sobre eso.

“Es difícil ser un ser humano, y yo veo eso constantemente en cada única persona”, dice. “Es interesante ver y entender que todos sentimos lo mismo y hacemos esos rodeos extraños para satisfacernos emocionalmente a nosotros mismos. Todos sentimos la misma cosa y solo intentamos conectar. El resto es ruido”.

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