Cómo molestar al socorrista

Ya estoy de vuelta. ¿Qué, cómo va todo? ¿Bien? ¿Habéis seguido mis consejos? ¿Sí? ¿No? ¿Escribo artículos de nada sin nada a cambio y encima no le prestáis ni atención? Anda, y que os den. Me voy a hacer partner y a grabar gameplays. MONEY IS COMING…

Como cada semana, os traigo otro tutorial. Escrito y sin acento latino. Trataremos el tema del socorrista, esa persona amiga y enemiga a la vez. Te puede salvar la vida o te la puede complicar. Todo depende de ti. Pero en esta ocasión, suponemos que eres un licenciado por la Universidad de Hijoputa en la carrera de Tocapelotismo y que tienes un máster en Cabronismo acuático.

Y sin más dilación (dilación… ¿de qué? ¿De dónde viene eso?), os doy diferentes propuestas:

Hacerse el muerto. Todos alguna vez hemos hecho el muerto, pero en broma. Y si no lo has hecho aún, prueba a salir de casa y ponerte en medio de la carretera. Esta vez vamos en serio. Una broma pesada es lo que queremos. Por eso compraremos una bombona o botella grande de oxígeno y, para que nadie se entere que la llevamos a la piscina, la esconderemos en el bañador. Esto también servirá para ligar, créeme.

Nos incorporamos, hacemos el muerto, vamos respirando, ningún movimiento… De repente, alguien avisará/gritará/te penetrará (no sabemos si los necrófilos van a la piscina de tu barrio a bañarse) y el socorrista vendrá rápido a salvarte la vida de cabroncete que llevas. Cuando te haya visto la bombona, entonces te levantas y gritas: ¡Que es broma! Y si ves que el socorrista está tan sorprendido por lo gracioso/original/gilipollas que eres que se ha quedado empanado, le das con toda la bombona en la cara.

Mentir y lanzar. Consiste en que vayas al socorrista y le avises que alguien se encuentra mal dentro de la piscina. Te diriges con él a cualquier persona (o un cómplice) y cuando empiece a preguntar qué le ocurre, le empujas y le tiras a la piscina.

La silla. Todos los socorristas tienen una silla donde sentarse cuando ya han vigilado suficiente. El truco es dejar alguna sorpresa para él. Una araña, una víbora, un huevo, una bombeta, un erizo, una abeja… Hay miles de millones de posibilidades para joder al prójimo.

Inclumplir normas. Todas las piscinas públicas tienen reglas. Menos en las vascas, donde te puedes tirar de bomba en la piscina pequeña para bebés. [Sí, un tópico muy usado, lo sé…] Lo único que tienes que hacer es no respetar alguna de ellas. O todas juntas, si quieres. Salta en bomba en la piscina pequeña sentado en un flotador gigante mientras tiras disparas a la gente con una pistola de agua y cuentas chistes racistas. Bueno, lo último no está prohibido…

El socorrista usará el silbato y te llamará la atención. Tú no le hagas caso, sigue con tu rollo. Puede que vuelva a silbar, pero a ti no te importa: como si sonara un grillo. Entonces irá hacia ti para darte el último aviso. Tú te niegas y te haces el chulito, obviamente.

– Escucha, ¿no te he dicho que dejes de escuchar a Abraham Mateo con tu móvil submergible? ¿Que no sabes que está prohibido o qué?

– Mira, déjame, esto es una piscina pública.

– ¡Por eso! ¿Que no ves que hay críos a tu alrededor? ¿Es que quieres que se vuelvan abrahamers?

– Yo hago lo que me salga de los huevos, ¿entiendes?

– Pues te tendré que echar del recinto, lo siento.

– A mí nadie me echa de ningún sitio. (Si quieres ganar en esta parte, recomiendo ser gordo)

– ¡Hombre que no! ¡Ahora mismo te estás largando!

– Acércate si tienes huevos… Uy, ¿que te asusta el agua?

– ¿Quieres que haga venir a la Policía?

– Mejor llama a los Bomberos, que necesito un poco de agua. (Es importante hacerse mucho el fantasma; chistes como éste molestan hasta a un muerto)

– Pues te voy a sacar yo. Se acabó la tontería.

En este momento, nadas rápido hasta el borde de la piscina (en caso que no estés cerca de él), sales de la piscina, te sacas el bañador, vas corriendo y gritando: “Ayudadme, un violador me persigue”.

Para que sea un día memorable para todos los asistentes, puedes mearte en algún sitio (piscina, toalla de algún lugar, boca de alguien haciendo la siesta) o escupiendo a todos, sin criterio alguno. Acto seguido, te diriges a la entrada y sales de ahí pitando. Por seguridad.

 

La pistola de agua. Coges una pistola, la cargas, y te diriges hacia el puesto del socorrista. Le mojas. Le dejas empapado. Le cabreas. Le sigues tirando agua. No puede ver donde estás. Corres hacia la otra punta de la piscina. Cargas la pistola. Viene hacia ti. Repetir los pasos anteriores.

Pegarle el rollo. Háblale sin interrupciones, sin parar en ningún momento, sobre algún tema del cual tengas mucho conocimiento. Si quieres un resultado más efectivo, trae a tu abuelo para que cuente cuando fue a la guerra civil, cómo era vivir de pequeño al campo, o por qué no le gusta los de Podemos.

 

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Un comentario en “Cómo molestar al socorrista

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