Cenando en Navidad con un facha | Sketch por escrito

Todo esto viene a raíz de esto otro:

Bien, empecemos:

Facha: – Bueno, estoy agradecido de que me hayáis invitado en esta cena familiar y espero que respetéis tanto mi ideología como yo hacia la vuestra, así que espero que podamos disfrutar de una cena ejemplar.

Abuela: – Tranquilo, sabemos cuidar…

Facha: ¡CALLAOS PROGRES DE MIERDA, QUE VA A HABLAR EL NUEVO REY!

(El Rey da el discurso. Termina)

– Qué suerte tenemos de disponer de un rey amable y sincero, ¿eh? Bueno, venga, a comer se ha dicho…

(Todos están comiendo y hablando pero sin dejar de salpicar trozos de comida unos a los otros. Una chica le pregunta al facha)

– ¿Y tus padres… con quién estaban en la Guerra Civil?

– Pues con quién va a ser: con Essssspaña. Con el Frente Nacional, un partido patriota de ser parte del Estado Español.

– ¿Y tú viviste la Guerra Civil?

– Por supuesto que sí, aunque durante el último año. Yo por entonces jugaba con mi perro. Jugábamos a lo que llamábamos “Encuentra a los republicanos”. Consistía en que con un trozo de ropa de un “rojo”, él tenía que olfatear y encontrar fosas comunes. Ay, pobre: murió a manos de un “rojo” cuando lo confundieron con el perro de Franco: también tenía el culo blanco…

– Vaya, vaya. ¿Y alguna vez no has sentido pena o dolor por los muchísimos asesinatos de los republicanos?

– ¿Te refieres a los “rojos”? Bueno, una vez me dio pena mientras estaba matando a uno, pero era porque se estaba follando a una cabra. Pobre cabra, teniendo que ser violada por un gilipollas de ésos. Por eso, cada vez que veo el desfile de las Fuerzas Armadas y veo la cabra paseando, me acuerdo de esa cabra, la que violaron sin piedad, sin perdón, sin rencor…

– Joder, qué pena…

– Ya… Después de matar al tipo ése, me puse yo a violar la cabra. Solamente era para compensar lo “roja” que la había puesto.

– Ah, claro… ¿Y a qué te dedicas ahora?

– Estoy en el Partido Falangista, pero trabajo en un banco. Mi trabajo se parece algo al de la Guerra: ahora no puedo matarles legalmente, pero sí les puedo desahuciar y robarles la casa. No es lo mismo, pero la ilusión aún está dentro de ti. Después me vienen a reclamar que si preferentes, que si desahucios, que si no doy créditos… A todos ellos termino enseñándoles la foto de una cabra pequeña y diciéndolos en un tono bajo: “Ella nunca lo haría”. Se ponen ñoños y se van.

– Guau… Tu jefe debe de estar sorprendido por tu eficacia…

– Sí, aunque no le gusto mucho a mi jefe: él es un “rojo” de cabeza a pies y yo, pues un patriota español. Aunque como él tiene algunos “secretos” que no quiere que se sepan… pues nos llevamos de puta madre.

– Qué suerte tienes de hacerle un chantaje, ¿no?

Sí, bueno, yo le prometí guardarle sus secretos, pero pronto venderé la exclusiva a los periódicos, y la gente se escandalizará: se masturbó con la foto de la cabra.

(Hasta aquí este relato, sketch o diálogo, como le queráis decir. Ya sé que tiene humor un poco negro o incómodo, pero es necesario para reflejar la anterior y la actual situación del país de forma divertida e irónica. Hasta otra).

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